martes, 14 de abril de 2009

LA HORA ECUATORIANA

Es famosísima a nivel mundial la "hora ecuatoriana", es decir, la innegable capacidad por la que se nos conoce a los ecuatorianos de llegar tarde a cualquier lugar o cita, o del incumplimiento de responsabilidades adquiridas en el ámbito de servicios, sean privados o públicos.

Es tan arraigada esta capacidad, que incluso nos jactamos y nos enorgullecemos de ello. Además se dá la creencia que mientras mas tarde llega una persona a una cita, más importante es. Hace unos días nomás leía en algún medio, que un ciudadano decía que era uno de los "logros ecuatorianos". Igual que la fanesca por ejemplo.

Dá pena sinceramente esta evidencia de subdesarrollo y de baja autoestima generalizada.
He reflexionado mucho este asunto y al hacer comparaciones en mi país de acogida aportaría dos teorías que a mi modesta opinión explicarían esta tara social.

Primeramente, sería el factor climático. Como decía es una teoría, pero no por ello descabellada. Al gozar todo el año de una maravilloso e inigualable clima primaveral, hace que tal vez seamos un poco lentos, gozamos de un calorcito que hace que no tengamos prisa en llegar a nuestro lugar de destino o no cumplamos con nuestros compromisos, que no se diera el caso por ejemplo en un país nórdico donde con tanto frío, lo que mas se desea es llegar pronto para sentir la calefacción y abrigarte o trabajar para poner en calor el cuerpo, o también en esos veranos de infierno como en España, que dán ganas de entrar al primer establecimiento que se encuentre solo por refrescarte un poco con el aire acondicionado, por lo que el mes de agosto se destina a vacaciones, cumpliendo con la jornada anual de trabajo, dejando todos los servicios resueltos.

La segunda teoría, más realista que la primera, es el SISTEMA ECUATORIANO, es decir que siendo un país donde no existen mayores obligaciones fiscales y administrativas, la gente no se siente con la obligación de cumplir con las mismas y por lo mismo le dá igual cumplir o no los compromisos y por ende, sentirse obligados a ser puntuales. Entonces, todo depende de la buena voluntad de la persona.

Esto lo explico mejor con una experiencia personal que tuve con un carpintero, que puede ser también con un mecánico, un cerrajero o una costurera. Le contraté para hacer unas puertas. Le explico el diseño, él me muestra sus maravillosos trabajos anteriores y me pide el 50% reglamentario (de palabra) para comenzar oficialmente el trabajo. Y a partir de allí comienza un calvario personal que si uno no se muere, es porque queremos al final ver el resultado de las famosas puertas.

Inicialmente el compromiso fue la entrega en 15 días y pasan los 15 días y nada. Me acerqué y pregunté por las mismas y el tipo me puso un sin fin de pretextos absurdos, a tal punto que igual pasan un par de meses y la espera comienza a desesperar, por lo que haciendo acopio de paciencia me acerco a exigirle por las buenas o por las malas que me entregue el trabajo como sea. Pese a todo, no fue raro que al final me entregó un trabajo mal hecho, con fallas y sin posibilidad de reclamar porque me enfrentaba a la posibilidad de que pasen otros meses con igual o peor resultado, ya que no existen leyes en Ecuador que protejan a los consumidores.

En conclusión, el carpintero se había reído en mi cara, nos solamente al entregarme un trabajo mal hecho, sino también al ver mi impotencia y la impunidad con que quedó el asunto.

Este es un ejemplo diario de como funciona la hora ecuatoriana que no es solamente de minutos, sino de meses e incluso años. Algunas personas preocupadas de ello, sugieren un cambio de mentalidad, de buena voluntad y de buenos propósitos, pero personalmente creo que nada se rige por principios o valores morales o cristianos. Todo debería partir de la correcta administración de nuestros gobernantes y del adecuado funcionamiento de la gran cantidad de ministerios y funcionarios, que se supone están para facilitar la vida del ciudadano.

Un ejemplo de como hacerlo sería, que para poner una empresa o un negocio, se debería establecer una serie de requisitos y permisos para cumplir con unos mínimos de funcionalidad; que se obligaran a pagar impuestos periódicamente y que existieran leyes que apoyaran al consumidor. Es decir, que el incumplimiento de estos requisitos se sancionaran con penas económicas o la clausura del negocio. Con todo ello, se fomentaría el emprendimiento y una saludable competencia, ya que la gente se esforzaría por sacar lo mejor de sí para sobrevivir y se esforzarían por ofrecer buenos servicios y cumplir con sus obligaciones. Y no como sucede ahora mismo, gente sin ganas de triunfar, conformistas, sin responsabilidad y un país consecuentemente pobre de mente y de dinero.

Mientras , nos conformaremos con aquellos que ofrecen servicios mediocres y encima, dependiendo de su buena voluntad.

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