jueves, 30 de agosto de 2012

REFLEXIONES A PROPOSITO DE ALGUNOS ASPECTOS DEL NUEVO CODIGO PENAL ECUATORIANO

Foto: Viñeta de El Roto

Foto: Señalización. Jessica Jiménez Z.

Hace pocos meses vi en un noticiero de televisión ecuatoriano las siguientes imágenes: la Policía Nacional presentó a los medios de comunicación a dos presuntos delincuentes. Uno de ellos era un mulato alto, de complexión gruesa y fuerte, que tenía amoratado un ojo; estaba esposado con las manos hacia adelante y vestido con una camiseta a rayas naranjas con blanco. Tenía la cabeza gacha como si no quisiera que le vean.  A los pocos días - dos o tres creo yo-, nuevamente y por el mismo noticiero, la policía presenta a este hombre, quien se encontraba vestido ya no con la camiseta a rayas, sino con ropa normal, ya no iba esposado, persistía el moretón del un ojo, aunque un poco desinflamado y parecía recién duchado. Seguía con la cabeza gacha sin mirar directamente a la cámara. El policía comunica a los medios que se ha cometido un error con este ciudadano puesto que él NO HABÍA SIDO EL DELINCUENTE QUE ELLOS CREÍAN y que más bien era un boxeador conocido en su entorno, que no tenía antecedentes penales, por lo que se procedía a liberarlo ese momento.

Luego de ello, no se supo más de él. Si fue resarcido económicamente por los días perdidos de trabajo, si recibió terapia sicológica por el trauma vivido supongo no solamente por él, sino por sus familiares o si le restituyó su honor aparte de comunicar el error por parte de la policía. Nada de nada.

Parece que hasta allí quedó la historia.

Con este caso quiero ejemplificar cómo funciona la Justicia del Ecuador en la mayoría de los casos y, lo de "mulato",  no es una acotación gratuita que hago, ya que precisamente los negros y los mulatos, suelen ser el eslabón más visible que representa lo injusto del sistema.

Por ello es mi alarma ante las noticias de las nuevas tipificaciones de delitos y sus respectivas sanciones que,  parafraseando a un periodista ecuatoriano, se está viviendo una verdadera "Penalitis aguda" en el Ecuador, donde las sanciones por cárcel se han emitido a diestra y siniestra, como si de un mercadillo de baratijas se tratase.

Seis meses para esto , un año para este otro , tres años, siete y hasta 30 años de cárcel se han dispuesto para los mas variopintos delitos, entendiendo que  solamente pueden haber sido dispuestos por quienes se saben que los sancionados serán "otros" o sea el resto del pueblo, más no ellos o sus familiares mas cercanos,  sin ningún sentido de solidaridad o de igualdad ciudadana.

Es verdad que la sociedad ecuatoriana está harta de tantos y  atroces delitos, como el sicariato, impunes accidentes de tránsito que dejan varias víctimas inocentes, corrupción sistemática, etc que indudablemente a los causantes se les debe sancionar con la máxima de las penas carcelarias, pero de allí  a que por rebasar el mínimo de velocidad en coche sea sancionado con tres días de prisión, que de uno a dos años para empleadores que no afilien a sus trabajadores al Seguro Social, que porque se hagan falsas llamadas a urgencias de quince a treinta días de cárcel o que se sanciones de uno a tres años de cárcel a quienes instalen juegos de casino, sinceramente hay mucho trecho.

Y mi alarma lo es más, porque considero que la libertad de una persona es el más grande e incuestionable  de sus derechos , establecidos solemnemente en las carta de los Derechos Humanos y de la Constitución, por lo que sería la  última opción para lograr la disminución de los delitos menores.

Desde que entró en vigencia el artículo 145 del reglamento de la Ley de Tránsito, en Quito en sólo dos días, los detenidos superaron el medio millar y más de 6000 multados. Y mi pregunta es si, ¿todos eran culpables? ¿Si se ha aplicado la legítima presunción de inocencia en estas personas?. Porque me parece imposible que en dos días más de medio millar de encarcelados y 6000 multados sean culpables, ya que un supuesto delito puede tener diversas interpretaciones, lo que para el ciudadano puede ser que no sea, para el policía sí, y para el juez no, además de cuestionar los métodos técnicos empleados para determinar el delito, la ausencia de información previa, la ausencia de señalización, falta de revisión médica antes de entrar en prisión, instalaciones inadecuadas, etc.

Mientras tanto las sanciones se han hecho efectivas, desconociendo el ciudadano si en caso de haberse mal aplicado, se le resarcirá  de alguna manera sus derechos pisoteados como en el caso que ejemplifico al inicio de mi comentario y más aún, cuando parece que la Ley ecuatoriana, no contempla sanciones para los malos funcionarios o equivocadas interpretaciones de las leyes por parte de las Instituciones.

La cárcel vuelvo a decir, debería ser la última instancia y debería ser aplicada solamente para delitos graves y grandes delincuentes, aunque tampoco es la panacea, ya que al menos en estos países desarrollados,  hasta el más acérrimo presunto asesino que aparenta ser culpable y merece la cárcel, luego de un juicio justo, se puenden dar sorpresas al comprobarse erróneas interpretaciones de delitos y de leyes, que si no resulta inocente, puede ser que también haya sido víctima de una locura transitoria o sea un enfermo mental que no era dueño de sus actos y por consiguiente varía el resultado de la condena, pudiendo merecer otra condena como una hospitalización siquiátrica de por vida.

Evidentemente existen otras alternativas a la privación de la libertad, como pueden ser las medidas sociales, que no son sino servicios a la comunidad en las que se realizan actividades de interés social o educativo; luego, las medidas administrativas, con sanciones verbales o escritas y que ofrecen la posibilidad de ser apeladas. Cuando se reincide, se aplicarían las sanciones económicas que está visto provocan el efecto deseado al ser golpeado el bolsillo, pero no con cifras astronómicas, sino con multas que vayan acorde al costo de la vida del país y a la gravedad del delito.

Y si a pesar de todo lo anterior vuelve a reincidir, se sobreentiende que al sujeto no le da la gana de cumplir con las normas, por lo que la cárcel seguramente será la solución, pero no como un fin, sino como un medio para lograr su reinserción a la sociedad. Y nuevamente, me toca decir que por lo que sabemos todos, también el sistema carcelario falla el Ecuador, por lo que no vale la pena ahondar en su situación, ya que ello ameritaría un profundo análisis, pero si quisiera reflexionar en el sentido que en las cárceles deberían existir programas que ayuden a la reintegración a la sociedad del delincuente con terapias sicológicas, oportunidades de ganarse un salario simbólico con talleres de capacitación laboral y programas de estudios que le permitan conseguir un oficio o seguir una carrera que le sirva para defenderse en la vida cuando cumpla su pena.

Con todo lo anterior he pretendido demostrar que el mundo de las leyes es tan vasto que se presta para diversas interpretaciones y debates, y que la ciudadanía debe cuestionarse y defenderse, porque gracias a ello en varios países se ha creado jurisprudencia y se han realizado cambios importantes que enriquecen los Derechos Humanos.

Para terminar me remito a un pequeño ejemplo de cómo el famoso juez español Emilio Calatayud da a entender la reinserción  de jóvenes delincuentes por medio de sus revolucionarias sentencias, cuyo resumen los extraje de wikipedia:

- Impartir 1000 horas de clases de informática a estudiantes a un joven que había hakeado varias empresas granadinas provocando daños por 2000 €.

  -100 horas de servicio a la comunidad patrullando junto a un policía local por haber conducido temerariamente y sin permiso.

  -50 horas dibujando un cómic de 15 páginas, en el que cuenta la causa por la que le condenaban.

 - Visitas a la planta de traumatología de Granada por conducir un ciclomotor sin seguro de circulación.

  -Para un joven que circulaba borracho, visitar durante un día entero a parapléjicos, hablar con ellos y sus familias para elaborar más tarde una redacción.

  -Trabajar con los bomberos por haber quemado papeleras.

  -Trabajar en un centro de rehabilitación por haber acosado de una anciana.

  -200 horas en una tienda de juguetes por haber robado ropa.

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