martes, 16 de julio de 2013

NORMATIZAR LAS ACTIVIDADES ECONOMICAS PARA PODER COMPETIR



Foto: Joan, Josep y Jordi Roca

El pasado mes de mayo, los españoles recibimos una excelente noticia que de alguna manera nos levantaba los ánimos en medio de esta dura crisis que estamos atravesando. El Celler de Can Roca había sido elegido como el mejor restaurante del mundo por la revista "Restaurant", engrosando de esta manera aún más, la lista de los mejores restaurantes a nivel mundial que se encuentran dentro de España . Los tres hermanos Roca dueños del restaurante, se manifestaron sorprendidos por el premio, pero que lo acogían con humildad y con el compromiso de seguir trabajando duro como siempre lo han hecho, manteniendo los valores iniciales que les inculcaron sus padres, a través de su modesto restaurante de toda la vida, localizado justamente al frente suyo y donde mantienen aún el menú de diez euros para los fieles clientes que allí acuden diariamente.

Cuando sucede este tipo de acontecimientos, como ecuatoriana también que soy, me surge la pregunta del millón: ¿ Por qué en Ecuador no podemos también destacarnos a nivel mundial, no solamente en la cocina por ejemplo, sino también en el deporte, las artes, las ciencias, etc?, y lo que es más importante, ¿ por qué no despegamos a nivel turístico como sucede con otros países latinoamericanos como República Dominicana por ejemplo, cuya fuente de ingresos por el turismo es una de las más elevadas a nivel mundial?.

Talento humano hay, emprendimiento hay, ganas de ser los mejores hay...bastaba ver la ilusión que pusieron los cocineros ecuatorianos cuando los visitó Ferrán Adriá para demostrarle que también se hacen las cosas bien en Ecuador, jóvenes con el sueño de ser los mejores y con ganas de aportar...Sin embargo, ¿qué es lo que sucede?.

Luego de meditarlo mucho, he llegado a la conclusión que no es que seamos menos inteligentes o menos capacitados intelectualmente o físicamente, o que haya algún misterio desconocido en ello, sino que simplemente en nuestro Ecuador, las actividades económicas no están debidamente reguladas o normatizadas. No existen normas claras que indiquen cómo hacer que nuestro negocio o nuestra actividad cumpla con estandares universales de calidad, o si las hay, nadie las conoce o no se las aplica correctamente o simplemente, son letra muerta.

Voy a ejemplificar con dos casos, el caos que se vivía en este aspecto en Ecuador, al menos cuando yo vivía allí: en una revista de esas que fungen de prensa rosa de glamour, leí la historia de un "emprendedor ecuatoriano exitoso". El sujeto en cuestión, hijo de un conocido empresario quiteño, había estudiado una carrera en el extranjero. Cuando regresó al país, se aburría y a manera de hobby su padre le ayudó a abrir una empresa de servicios. Empezó con muy poco pero luego la empresa creció y creció, debido a que no solamente ofrecían sus servicios a una empresa del estado sino también a una o dos más. Tanto fue el "éxito" que no se dio abasto y al cabo de pocos años, lo dejó cansado para dedicarse a otra cosa. En este punto me digo a mí misma: "así cualquiera". Cualquiera no dudaría en desarrollar sus potencialidades escondidas con un papi que le consigue jugosos contratos estatales, o si por el contrario, si los consiguió mediante un concurso, el tipo partió con ventaja porque gracias a su dinero o a los créditos que le dieron los bancos solo por ser " hijo de", pudo equipar su empresa con los últimos avances técnicos, de tal manera que indudablemente presentaría la mejor oferta, contrastando con lo que ofrece el ciudadano de a pie, al que se le haría IMPOSIBLE compertir con él.

Por el contrario en otro ejemplo: las ventas informales. Si bien es cierto un gran número de personas que son de escasos recursos económicos, tratan de sobrevivir el día a día vendiendo cualquier cosa de manera informal por las calles y aceras de las principales ciudades, también es cierto que aquello ha fomentado la creencia que por ser pobre se está exento de deberes y que todo está permitido, incluso la falta de higiene y contaminación visual. No puede haber mayor error, por que lo mismo, suele desencadenar un circulo vicioso para la mayoría de los males que acechan a esta pobre gente, ya que asumen que por ello, todo se lo perdona y en consecuencia, todo debe ser de mala calidad, provocando de esta manera, que nunca salgan del agujero de la mediocridad. En el peor de los casos, también he constatado de casos de personas que haciéndose pasar por pobres, han hecho verdaderas fortunas con el comercio informal, desmotivando a mucha gente que intentando hacer bien las cosas y cumpliendo sus obligaciones, han tenido que cerrar sus negocios al no poder competir con ellos.

Dos casos contrapuestos que sin embargo convergen en un punto: no existen las reglas claras de juego en igualdad de condiciones para todos y definitivamente la regularización de las actividades, es la que definiría dichas reglas. Reglas que determinarían que todos son iguales ante la ley, que informen por escrito al ciudadano qué pasos debe seguir para garantizar la calidad de su servicio, que las obligaciones fiscales sean flexibles para determinados casos, que le indiquen plazos para cumplir razonablemente todas sus obligaciones mientras abre su negocio, que obliguen a las entidades financieras una cuota de crédito para fomentar el emprendimiento de cualquiera que lo desee, en base a incentivos fiscales por ejemplo.. en fin, reglas o normas que no solamente provocarían el beneficio económico justo al desaparecer la  competencia desleal, sino que también potenciarían la creatividad a nivel individual o grupal, que generaría los hombres y mujeres de los cuales tanto necesitamos vernos para sentirnos orgullosos de ser ecuatorianos, a la vez que nos insuflaría de una gran dosis de humildad y generosidad, al sabernos que siempre hace falta mucho, para llegar a estar entre los mejores.

Y lo que es mas importante para mí, se lograría que la calidad de los servicios y de los productos no sigan siendo la excepción como suele ser hoy por hoy, justificando por ello, precios desorbitados ya que cada cual va a su libre albedrío, aplicando reglas que conoció cuando salió de viaje al exterior, o por internet o porque alguien le contó, sino que la calidad sea la norma, de tal manera que cuando solicitemos un servicio o que cuando entremos a cualquier restaurante en cualquier ciudad o sector de la misma ciudad por ejemplo, sepamos que podemos sentarnos a comer sin ningún temor, porque sabríamos que el dueño del local es un ciudadano que está siendo obligado a dar un servicio de calidad y que si decidimos pagar algo más, es porque por alguna razón, lo hacemos plenamente conscientes.

3 comentarios:

Valdemar Ramírez dijo...

de acuerdo con usted estimada compatriota, un saludo desde Rumania de un ecuatoriano emprendedor pero sin estirpe, ni cuna de oro, osea mi padre nada que ver con el padre del susodicho emprendedor que usted menciona. Saludos

Valdemar Ramírez dijo...

saludos desde Rumanía de un ecuatoriano emprendedor pero sin estirpe, es decir no nací en cuna de oro, y mi padre nada que ver con el padre del susodicho emprendedor que usted nos cuenta en su blog. Saludos y gracias por su interesante blog.

Jessica Jiménez Z. dijo...

Gracias por sus palabras. El Ecuador necesita referentes hechos a sí mismos o con la ayuda de los padres, pero sin aprovecharse de los recursos del resto de ciudadanos. Me alegraría que Ud. sea uno de esos referentes. Un saludo.