miércoles, 12 de noviembre de 2014

LA MARCA PAÍS

 Foto:Cocineros. E.J.M.

 Foto: Costureras



Foto: Diseñadora de joyas.

He leído una entrevista realizado en el diario El  Comercio, a una mujer que simboliza los 40 años de edad con todos sus problemas y realidades. En dicha entrevista, ella se quejaba que por no haber seguido determinadas carreras universitarias, no ha podido realizar todos sus sueños. Se sentía pesimista porque incluso había perdido su coche que le permitía trabajar como vendedora dependiente de una empresa. La mujer insistía, pese a no haber seguido dichas carreras universitarias, en que seguiría un masterado, para luego de 10 años, es decir cuando tenga 50 años, mejorar su situación personal y económica, quedando mientras tanto en el aire su futuro más inmediato, ya que no podía encontrar trabajo a causa de su edad.

La entrevista personalmente, me provocó honda pena, ya que en un país tan clasista como es el Ecuador, alguien que no tiene un título universitario, simplemente no es nadie y más aún, pasar de los 25 años que como dice ella, ya le consideran algo inservible.

Es cierto y loable los esfuerzos que ha hecho y sigue haciendo el gobierno ecuatoriano para regularizar la situación de las universidades y de los títulos, los mismos que se encontraban años atrás en un auténtico caos, con la proliferación de las universidades “garaje” que expedían títulos dudosos académicamente y lanzando a la desocupación y mediocridad a cientos de miles de jóvenes que coincidentemente constituían el futuro del país.

Pero no es menos cierto también – como lo he comentado varias veces a través de este blog - que se debería potenciar el tema de las formaciones profesionales, llamadas también técnicas o intermedias, así como también los oficios artesanales, que aunque no se lo crea, constituyen una fuente de ingresos económicos importante para un país y que como en el caso de esta mujer, hubiese sido la salida profesional que le proveería no solamente satisfacciones económicas sino también personales.

Y estoy plenamente convencida de todo lo anterior, ya que he visto llamativos ejemplos aquí en España de cómo la modesta cocina por ejemplo, ha dado personajes de la talla de Ferrán Adría o los hermanos Roca, o del humilde dependiente de una mercería, Amancio Ortega, quien como se sabe, se convirtió en uno de los hombres más ricos del mundo, descubriendo que la costura podría arrastrar a masas humanas a través de la moda, o sagas familiares como los Raventós y Codorniú que empezaron como humildes agricultores de viñedos, creando posteriormente la marca de Cava “Codorniú”, que se distribuye por todo el mundo como uno de los mejores, o de unos modestos moldeadores de cerámica que gracias a sus hermosas esculturas, crearon la marca “Lladró”. También del famoso zapatero Jesús Cánovas que calza a los famosos con sus hermosas obras o de la pareja Tous, creadores de la famosa marca de joyería del mismo nombre. 

En fin, he puesto llamativos ejemplos que sin embargo lo podrían ser también en carpintería, cerrajería, albañilería u otros oficios, que con un pequeño capital obtenido por medio de créditos bancarios con bajos intereses o ayudas e incentivos estatales sumado a grandes ideas y constante actualización, genera trabajo y riqueza, y elevan la marca de un país como en el caso de España, a las altas esferas mundiales.

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