miércoles, 15 de junio de 2016

LA GRAN NACION BOLIVARIANA


                                  Foto: Mural de Pavel Eguez en la Universidad Andina Simón Bolívar de Quito


“La verdadera censura, era nuestra ignorancia”. Svetlana Aleksiévich


En los próximos días mediante un plebiscito, el Reino Unido decidirá su futuro dentro de la Unión Europea, aunque según las encuestas el llamado “Brexit”, está bastante peleado y es por eso que esperamos prime la sensatez y gane el “No” a su salida, ya que este gran país necesita de Europa para su desarrollo y viceversa.

Todo este asunto de las ventajas y desventajas de pertenecer en un conjunto de naciones, me trajo a la memoria de un episodio que comenzó a cuestionarme de nuestra idiosincrasia latinoamericana, cuando cursaba la secundaria allá por la década de los 80’.

Resulta que un día llegó a su correspondiente hora de clase el profesor de Historia, -un apasionado intelectual ya entrado en años, quien solía llegar abrazado a sus apuntes y libros, como si temiera que alguien les fuera a quitar y que como los buenos maestros de antaño, daba lo mejor de sí en un pensionado de monjas en el centro histórico de Quito-. Llegó como decía, muy apesadumbrado y deprimido –cosa tampoco rara en él- y nos dijo lo siguiente más o menos así: “Estimadas alumnas, hoy es una época muy triste para el Ecuador, particularmente y para Latinoamérica, en general. El sueño de Bolívar, o sea el de tener una gran nación latinoamericana, una nación de naciones, capaz de enfrentarse a grandes potencias económicas, se ha hecho realidad… ¡pero en Europa!” y luego de ello, se dedicó durante toda la hora a reflexionar y a lamentarse sobre el asunto, mientras yo personalmente, me dejé contagiar de su pesimismo, intentando encontrar respuestas a las interrogantes que se planteaban sobre aquel -en realidad-, drama.

Sin embargo, con el pasar de los años, mi pesimismo comenzó a diluirse cuando se empezó a gestar –seguramente intentando seguir el ejemplo de la Comunidad Económica Europea que como se sabe, nos encanta seguir modas- el sueño de Bolívar también para las naciones latinoamericanas. Pero pronto comprendí que algo marchaba mal en el asunto, por cuanto durante una época se comenzó a hablar de la posibilidad de candidatearnos para ser sede de un Mundial de Fútbol y con esa ingenuidad propia de nuestra baja autoestima y alentados por la prensa de entonces, sugerimos felices la idea de hacerlo conjuntamente con Colombia, es decir unos partidos se realizarían en estadios de Ecuador y otros de Colombia, y entonces recuerdo salió una alta autoridad colombiana en una concurrida rueda de prensa a decir que si de conseguir la sede para el Mundial de Futbol, Colombia lo haría sola, ya que se sentían lo suficientemente capaces como para hacerlo, sin la ayuda de otro país.

Allí se acabaron los sueños mundialistas de darnos la importancia de ser sede del campeonato del más popular de los deportes y se evidenció además, que entre los países latinoamericanos para ir juntos, ni en los deportes.

Esa percepción no ha hecho más que agudizarse durante los últimos años, a tenor de los recientes acontecimientos en nuestros países. Es decir, se ha confirmado que sería imposible por decirlo elegantemente, que algún día nos uniéramos para ser una gran nación, capaces de trabajar juntos para perseguir grandes objetivos.

Llevo varios años aquí en España y he podido constatar que la Unión Europea no es una ideología, ni siquiera un sentimiento, es simplemente un hecho práctico que por lo mismo, ha tenido aciertos y errores, pero que aquello no ha impedido que a los largo de casi 60 años, varias instituciones trabajen mancomunadamente para establecer las directrices, las normativas o las reglas de obligado cumplimiento, para el normal funcionamiento de sus países miembros en diversos aspectos como economía, política, ecología, derechos humanos, salud, seguridad, industria, turismo, etc., etc.

Y punto. Se acabó. Algo imposible en nuestros países donde para empezar, se entiende la hipotética unión de naciones, como una ideología política ya que somos los más políticos del mundo, detrás de África por supuesto, a tal punto que cualquier potencia externa es capaz de fomentar nuestras divisiones por esta causa, utilizando cualquier medio posible y explotando nuestros complejos de clase y económicos.

Ejemplos tenemos en Argentina del odio irreconciliable entre los seguidores de Kirchner y Macri, en Paraguay fue tanto que provocó la destitución de Fernando Lugo, en Honduras la de Zelaya, en Venezuela ni qué decir, Maduro se ha convertido en el más grande problema internacional , en Brasil ha sido separada temporalmente Dilma y en Ecuador, para no quedarnos atrás, nos dividimos entre los “borregos sanducheros” que reconocemos el buen hacer del presidente Correa –con todos los errores que como ser humano haya podido cometer- y los “burros opositores” que le odian a tal punto de desear sin el menor pudor, su muerte. Y así, sucesivamente, casi toda “Latinoamérica” inmersa en una espiral de odio por causa de la política que sin embargo, luego de cientos de años de vida republicana no nos ha llevado a nada, más que a seguir en un círculo vicioso de subdesarrollo del que se nos hace cada vez más difícil, salir.


Creo que el día que haya más educación, más cultura, el día en que se fomente el debate constructivo desde tiernas edades, en que seamos ciudadanos lectores capaces de discernir las noticias que nos cuentan, en que aprendamos que sólo en comunidad se crece, en que seamos más solidarios con el que menos tiene o el día que suframos una verdadera guerra y seamos de verdad humillados, solamente ese día tal vez seamos una gran nación y se haría realidad el sueño de Simón Bolívar, desterrando para siempre de los libros de historia aquella frase que dijo en su lecho de muerte: : “He arado en el mar”, que reflejaba visualmente su decepción al constatar las rencillas políticas que se cocían entre las naciones que liberó, como un mal presagio de lo que se veía venir. 

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