martes, 7 de febrero de 2017

EL JARDIN DE LAS DELICIAS, EL JUICIO FINAL Y EL INFIERNO

 Foto: El Jardín de las Delicias. El Bosco. Museo del Prado

 Foto: El Infierno. Alejandro Salas. Iglesia de la Compañía de Jesús

Foto: El Juicio Final. Alejandro Salas. Iglesia de la Compañía de Jesús.


Sin duda, la obra más apreciada durante la exposición retrospectiva por los 500 años de la muerte del Bosco realizada el año pasado en el museo de El Prado fue su tríptico denominado “El Jardín de las Delicias”, obra que por lo que he podido constatar despierta mucha fascinación entre el público en general, quienes manifiestan mayormente que siempre que la observan, pueden encontrar algún elemento nuevo por el cual reflexionar, lo que le da cierta fascinación y misterio a la obra.

A mí personalmente no me gustó mucho.

Cuando me invitaron a verla la primera vez me pareció como un parque temático, con muchos detalles y colores y, sinceramente comparada con otras obras del mismo Bosco o dentro del Prado, no me pareció nada interesante.

Sin embargo, luego de algunos años la he vuelto a ver detalladamente y debo confesar que despertó mi interés al asociarla con dos obras ecuatorianas que son “El Juicio Final” o “La resurrección de los predestinados” y “El Infierno” o “Las llamas infernales”, las mismas que se encuentran en la iglesia de la Compañía de Jesús en Quito-Ecuador y que fueron realizadas por el famoso pintor de arte colonial, el jesuíta Hernando de la Cruz el cual, no me parecería raro que se haya inspirado en la obra del Bosco, ya que es conocido que los sacerdotes viajaban constantemente en aquella época hacia Europa, para nutrirse del conocimiento y de las artes.

Sin embargo, debo recalcar que estos lienzos ecuatorianos no son los originales del de la Cruz puesto que en el año 1829 y debido al gran deterioro que presentaban en ese momento, fueron encargadas para ser reproducidas fielmente a Alejandro Salas de quien se dice que la parte que representa al infierno, es su aportación personal a la obra.

Aunque en “El Juicio Final” y” El Infierno” cuyas dimensiones son de 317 por 488 cms, tienen el estilo conocido como el “Tenebrismo” es decir con fuertes contrastes entre colores oscuros e iluminación, muy diferentes a los brilllantes colores del cuadro del Bosco, debo reconocer que comparten muchas semejanzas en cuanto a la temática religiosa como son la presencia de personajes bíblicos como Dios, Adán y Eva en “El Jardín de las Delicias”, mientras que en los cuadros quiteños están Jesucristo, la Virgen María, varios ángeles y santos.

Pero sin duda, donde más se aprecian las semejanzas es en los personajes que integran las escenas del infierno, el paraíso, el pecado o los castigos.

En el infierno de Hernando de la Cruz por ejemplo, se ve cantidad de atrocidades cometidos en nombre del castigo a los diferentes pecadores con su respectivo pecado anotado junto a ellos, mientras en “El Jardín de las Delicias”, si bien también se observan los pecados y los castigos que se infligen a los pecadores en el lado derecho del tríptico, los colores son más oscuros aunque no tanto ni tan detallados como en el de la Cruz.

La escena del paraíso que se observa en “El Juicio Final” es subjetiva, ya que aparece como la zona donde se apartan a los justos mientras frente a ellos, también son apartados los pecadores que seguramente irán al infierno. En “El Jardín de las Delicias” el paraíso es más explícito puesto que cuenta con un paisaje idílico donde abundan la vegetación, los animales y los lagos y lógicamente con colores vivos.

Mi primer contacto con estas obras fueron en edades tempranas, tal vez a los ocho o nueve años y debo confesar que me provocaron un gran trauma personal, tanto que tuve que esperar hasta la edad adulta para poder volver a verlas sin que me produzca malestar o temor, ya que las escenas manifiestan con mucho realismo los pecados y los castigos, las mismas que son llevadas a cabo por personajes espeluznantes que son los diablos o demonios. No en vano, y en una sociedad con fuerte arraigo religioso en los siglos XVII, XVIII y XIX, estos lienzos provocaron en la sociedad quiteña el efecto esperado, por cuanto la gente imaginaba aterrorizada las consecuencias de un mal proceder ajeno a los evangelios y se sometían con sumisión a los dictados de las autoridades religiosas y políticas.


Estas dos obras, al igual que la del Bosco y luego de pasado el susto, invitan a ser observadas detenidamente, ya que también se pueden descubrir nuevos elementos que las enriquecen y las hacen inolvidables.

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