jueves, 5 de octubre de 2017

¿PARA QUE SIRVE UN INTELECTUAL?


Leía una entrevista de la revista EPS a la filósofa Agnes Heller quien comentaba que, “el deber de los filósofos es escribir libros, dar charlas, servir al público”… y ante ello, me hice una pregunta: ¿para qué nos sirve un intelectual?. Y más aún, en la sociedad ecuatoriana donde me da la impresión que, al parecer, no se tiene claro este concepto ni para qué sirve.

Y lo digo, porque es palpable su poca o nula influencia que ejercen en la sociedad puesto que, por poner ejemplos prácticos, en el caso de la vivienda, me he preguntado cual ha sido la influencia de los sendos análisis de expertos e intelectuales a propósito de la conferencia mundial “Hábitat III” realizada en Quito en 2016, que invitaban a la ciudadanía, profesionales y autoridades a concienciar de nuevas formas de vivienda, las mismas que debían ser accesibles para todos, en estrecha comunión con el medio ambiente, donde el espacio público sería el eje que dirija la vida de los ciudadanos y sin embargo, se sigue promoviendo un tipo de vivienda para un reducido grupo de personas de ingresos económicos que no se conduelen con la realidad prevaleciendo por ello, urbanizaciones amuralladas, edificios ostentosos sin contar con espacios verdes a su alrededor, viviendas enormes con muebles imposibles, piscinas y jardines privados, mientras una mayoría que tiene ingresos mínimos, vive en condiciones nada o poco cómodas, en viviendas sin estética ni funcionalidad, entre bloques de cemento, sin parques o lugares de ocio comunes y sin que se promueva un transporte público digno, descubriéndose por ello, que nadie ha sido capaz hasta ahora, de proponer un tipo de vivienda que vaya acorde con la realidad del ecuatoriano medio.

Así mismo, leía hace algunas semanas a un destacado médico que intentaba explicar lo que se trataba la BIOETICA, en términos que, siendo yo profesional de la salud, me tomó algunos minutos tratar de desmenuzar lo que intentaba decir, cuestionándome entonces: ¿qué se puede esperar del común de los mortales que a duras penas intenta comprender lo que dicen los titulares de los periódicos como para estar leyendo y aplicando a su vida algo que difícilmente entiende?. ¿En dónde queda entonces, la obligación del intelectual de trasmitir el conocimiento, de esperar que el ciudadano conozca sus derechos, de que actúe, si todo lo escrito parece estar hecho solo para que un grupo reducido de privilegiados lo entienda?.

Porque existen expertos de todo tipo y en el caso particular del derecho a la información que hablan del periodismo ideal, que busca mecanismos para que la población esté mejor informada, que sepa la verdad de los hechos, que se promuevan programas de calidad o que se fomente la investigación periodística y sin embargo, se constata en práctica que pasa todo lo contrario ya que, particularmente, conocí de la existencia de un programa de entrevistas que resume la mediocridad y el fracaso de los análisis y propuestas de los entendidos, al ser dicho programa el simulador de un bar, donde al calor de unas copas se “debate” temas importantes para el país, dando un pésimo ejemplo a la juventud porque indudablemente se incita al consumo de alcohol y sin que se aporte en nada sus diálogos a la mejora de los problemas del país ya que desfilan personajes de dudosa relevancia que, presos luego de la borrachera, sueltan perlas dignas de vergüenza ajena.

¿Es entonces, un fracaso su influencia en la sociedad?. Intentando encontrar una respuesta, me dediqué a observar detenidamente a conocidos intelectuales o a autodenominados como tales en varios medios de comunicación sean estos públicos o especializados y particularmente en las redes sociales que es donde se ha hecho más fácil acceder a ellos y, efectivamente, he comprobado que son un grupo tan cerrado que cuando alguna reflexión realizan, lo comparten solamente para que sepamos lo eruditos que son y pese a que sus perfiles son públicos, solamente se dirigen, se comentan, se etiquetan, se gustan, se promocionan, se ensalzan, se informan o se felicitan entre ellos, omitiendo hacer lo mismo con el restos de sus “amigos” virtuales que parece, no estamos a su mismo nivel de conocimiento y por tanto, indignos de interactuar con ellos. Además, el desfile de términos, frases, conceptos, análisis, títulos o nombres de personajes que conocen es de una riqueza tal, que me pregunto: ¿por qué seguimos siendo un país tan inculto, con poca información, poco propenso al debate, que lee menos de un libro al año, con poca comprensión lectora, que consume televisión basura y lo que es más triste, que nunca nos hemos destacado a nivel internacional, si tenemos a gente con tas vastos conocimientos que se supone nos nutren de ellos y nos invitan a profundizar sobre los mismos?.

En España los observo también aunque, al contrario, dentro de las redes sociales parece más bien que intentan mantener su privacidad y prudencia pues, me imagino será talvez, porque la falta de humildad es castigada severamente en esta sociedad como se pudo observar recientemente en el caso del escritor Javier Marías quien, particularmente con su artículo sobre la poeta Gloria Fuertes, provocó un aluvión de críticas por su intolerancia y egoísmo, que se vio obligado a ofrecer una aclaración intentando demostrar que otros, lo hicieron peor y que de falta de humildad de su parte, casi nada, para concluir pidiendo -cosa curiosa-, más tolerancia ante la opinión ajena.

La conclusión a la que llego es que, al igual que los poderosos grupos socio-políticos y económicos que nos han dominado por siglos, los intelectuales ecuatorianos también son un grupo privilegiado y cerrado dentro de un círculo que se resiste a romper y por tanto, viven tal vez en un mundo irreal pese a encontrarnos ya, en plena era de la revolución tecnológica, la misma que permite acceder a todo el mundo a cualquier tipo de información y logrando que el saber, ya no esté en manos de unos pocos.

Leía el comentario de un conocido politólogo español que, estas situaciones, no se dan en países grandes como EEUU por ejemplo, ya que existe más pluralismo y la investigación tiene mayor peso y prestigio además que, la esfera pública es tan enorme y hay tantos participantes que no dan paso a los figurones o referentes que adquirirían luego un protagonismo exagerado y llevando por ello, a la sociedad a pensar que el mundo se limita a lo que ellos pregonan e ignorando lo que sucede más allá de las fronteras.

El papel de los intelectuales en la sociedad entonces, debería ir más acorde a los tiempos actuales, siendo para ello, más generosos en su interaccionar con la ciudadanía, promoviendo a través de sus obras y de sus análisis, no solamente al conocimiento, sino a la información y al cambio de las sociedades. Deberían ser, además, portavoces de aquellos que no pueden expresarse, siendo no solamente críticos, sino también auto críticos y generadores de crítica, denunciando lo que está mal y proponiendo alternativas.


En el aporte que den a la sociedad su apertura, sus conocimientos y su accionar, estaría la razón de ser del intelectual.

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