jueves, 19 de abril de 2018

LA SILLA DE LENIN MORENO


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En la película “LOS ABRAZOS ROTOS” (Pedro Almodóvar, España, 2009) el protagonista principal, cuenta una anécdota que gira alrededor del gran escritor estadounidense Arthur Miller, conocido más bien por su matrimonio con la actriz Marilyn Monroe que por sus famosas obras, muchas de ellas llevadas al cine y al teatro y merecedoras de importantes premios como “Las brujas de Salem” o “La muerte de un viajante”.

Como decía, Harry Caine (Lluís Homar) en dicha película, le cuenta a su novia Lena (Penélope Cruz) que Miller, tuvo con su esposa la fotógrafa Inge Morat, un hijo con síndrome de Down y que el niño fue abandonado por esta causa en un centro de cuidados especiales. Luego de ello, él nunca y al parecer tampoco su esposa, volvieron a saber más de aquel hijo hasta que un día luego de 19 años, Miller daba una conferencia a favor de un discapacitado acusado de un crimen y al final del mismo, un chico con Síndrome de Down se acercó a felicitarle. El momento que le daba el abrazo, le dijo: “Padre, soy tu hijo Daniel” quedándose Arthur Miller en estado de shock. El resto de la historia parece que va a ser contada a manera de resarcimiento, en un documental realizado por una hija de Miller, es decir, la hermana de Daniel y que será estrenado en breve.

Esta impactante historia, me ha hecho reflexionar en el sentido de cómo se interpretaba en aquellas épocas en EEUU, el tener un hijo discapacitado y más aún, tratándose de Arthur Miller, demostrándose que los prejuicios en aquellas épocas pesaban más que la preparación o la cultura de una persona. En Ecuador, donde el trato que se los daba hasta hace apenas unos 15 años más o menos, era peor, incluso, del todo inhumano a tal punto de tenerlos escondidos en sombríos cuartos apartados del resto de la casa o en el peor de los casos, enjaulados, hasta que el ex presidente Rafael Correa los visibilizó y los dotó de derechos y ayudas a través de la famosa Misión “Manuela Espejo” para lo cual, delegó a su vice presidente de entonces, la ejecución de la misma que, valga decir, fue todo un éxito y razón por la cual, yo mismo publiqué un artículo de todo aquello a través de este blog.

Pero curiosamente, quien fuera la cabeza visible de dicha misión, es decir, el hoy presidente Lenin Moreno, precisamente por ser una persona con discapacidad, es quien se muestra incoherente con su proceder al no dar ejemplo de lo que debe ser la búsqueda de la autonomía en un discapacitado, ya que siempre le acompaña una persona que “empuja” su silla por todos los sitios a donde va. Situación que a todos nos provoca cierto resquemor y prueba de ello, es la observación que hace este sencillo ciudadano quien, a través de sus redes sociales, manifiesta lo que, a su modo de ver y para quien coincido mayormente con él, debería ser su proceder.

No se trata de ser sencillo ni mucho menos. La autonomía e integración de los discapacitados para mejorar su calidad de vida no debería ser la excepción sino la norma. Tampoco es una limosna, sino un derecho. Muchos años ha vivido Moreno en Ginebra para constatar de primera mano cómo los discapacitados intentan conseguir la máxima independencia que, para ello, en mucho de los países europeos, su integración, es una política de estado primordial donde se entregan subvenciones para poder adquirir sillas de ruedas automatizadas, por ejemplo, así como también se exige mediante leyes la eliminación de barreras arquitectónicas en todas las estancias públicas o privadas, además de darles prioridad en los edificios de protección oficial para que los pisos bajos sean de preferencia para los que tienen movilidad reducida, las mismas que también son previamente adaptadas para ello. Un ejemplo de esta autonomía la da el líder de la agrupación política española PODEMOS, Pablo Echenique, quien se moviliza en una silla de ruedas automatizada que le permite, con el solo movimiento de una mano, dominarla y movilizarse sin ninguna ayuda por cualquier lugar o el caso del ministro alemán Wolfganf Schaüble quien, al igual que Moreno, se moviliza en una silla de ruedas de autopropulsión pero que la maniobra él mismo, demostrando de esta manera, que su silla, no es un obstáculo para desempeñar adecuadamente sus altas funciones.

Si el que empuja la silla de Moreno es un asistente remunerado, éste debería estar más bien para suplir emergencias o inconvenientes más no para empujar la silla ya que la imagen que está proyectando Moreno, es la de una persona dependiente y aquello, hace un flaco favor a quienes luchan a diario para integrarse a la sociedad, al no poder contar con los recursos económicos para pagar el salario mensual de una persona que le empuje su silla todo el tiempo y persistiendo una actitud paternalista, ya que no les permite aventurarse a lograr la plena autonomía y su integración en la sociedad.

Sería bueno entonces, que el presidente de ejemplo adquiriendo una silla automatizada que le permita movilizarse sin problemas y no disponga de un asistente con una función propia de servidumbres de siglos pasados y para que, además, sea inspiración para los discapacitados que desean llevar una vida normal como todos, sin obstáculos que impidan hacerlo.

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