viernes, 30 de diciembre de 2011

LA VIRGEN DE QUITO, DE LEGARDA


Cuando vi “La Piedad” de Miguel Angel en el Vaticano o recientemente la pequeña escultura modelo del “Extasis de Santa Teresa” de Bernini perteneciente al Hermitage de San Petersburgo, en la actual exposición que se realiza en el Museo del Prado, no pude evitar recordar a la famosa Virgen Alada de Quito de Legarda.

Y no es para menos, ya que la perfección de sus formas y volumen guarda asombrosa armonía pese a su reducido tamaño, lo que redunda aún mas en su belleza equiparable a las obras mencionadas anteriormente.

La pequeña Virgen de madera policromada posee unos preciosos ojos de cristal y una apariencia de movilidad, gracias a sus alas y a su postura de estar aplastando a la serpiente con su pie, que constituye el sello personal de su autor Bernardo de Legarda (Quito- mediados siglo XVIII), quién junto al indígena Manuel Chili “Caspicara”, son uno de los principales exponentes de la llamada “Escuela Quiteña” durante el siglo XVIII. Esta Escuela recibió una marcada influencia del arte barroco europeo, a través de los religiosos de las diversas órdenes católicas como dominicos, mercedarios y franciscanos principalmente, que llegaron junto con los conquistadores españoles y que permitieron crear una gran cantidad de obras de arte de caracterización religiosa.

Legarda además de escultor, fue tallador de imágenes de nacimientos, platero, pintor y autor de retablos policromos y dorados como los Altares Mayores de la de Iglesia de San Francisco y de la Iglesia de La Merced, además de las bellísimas series de Vírgenes Inmaculadas y de la Asunción y de los Calvarios en especial el de la capilla de Cantuña en San Francisco, entre otras obras destacadas.

En mi último viaje a Ecuador, quise volver a ver a la Virgen y me acerqué al museo donde la había visto hace algunos años. Sin embargo al llegar, el museo estaba cerrado pese a que indicaba que estábamos dentro del horario de visitas. Bajamos a una especie de recepción a informarnos del tema y nos indicaron que esperemos un momento, que iban a buscar al encargado. Al cabo de unos cinco minutos mas o menos llegó corriendo el encargo con una llave apuntando, mientras nosotros subíamos a toda prisa las escaleras detrás de él. En efecto, abrió la puerta del museo con esa llave, encendió las luces y pudimos entrar, pero lamentablemente la Virgen no se encontraba allí. Nos quedamos con las ganas.

Menos mal, que unos amigos me indican, que actualmente la imagen se conserva en el Museo de la Iglesia de San Francisco en Quito, donde puede ser admirada por quien lo desee.

Como un homenaje, la Virgen Alada, ha sido tomada como modelo para la gran escultura de la Virgen que se encuentra en el cerro “Panecillo” en el centro de la ciudad, desde donde domina majestuosamente toda la ciudad.
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