miércoles, 16 de enero de 2019

ESPAÑA, morir de éxito

                                                       Foto: bellotakate.com

                                                       Foto: madridmascercadeti.com


Hace algunos meses salió una noticia en la revista cultural que se distribuye a millones de lectores TIME OUT, indicando que el madrileño barrio de Lavapiés era el más "cool", "guay" o "chévere" del mundo, provocando por tal razón, la alegría de muchos madrileños aunque, paradójicamente también, el malestar de la mayoría de sus residentes puesto que, lo que inicialmente se concibió como un proyecto de recuperación del barrio a lo largo de las décadas 90’, al ser un barrio que a partir de los 70’ entró en franca decadencia sufriendo por ello, el abandono de las autoridades y llenándose luego de jóvenes e inmigrantes que relevaban a los vecinos originales debido principalmente al bajo precio de sus alquileres y siendo incluso ocupado por los llamados OKUPAS, se crearon entonces, muchos espacios culturales a la par que se rehabilitaron y dieron otros usos a edificios emblemáticos, además de apoyo a emprendimientos a particulares y de esta manera, se subió la autoestima de sus vecinos mientras el barrio se convertía algo atractivo turística, social y culturalmente.

Muy pronto el proyecto tuvo tanto éxito -al igual que otros barrios del centro de Madrid- que provocó un efecto adverso, contagiado por la nueva epidemia de las grandes urbes, como es la GENTRIFICACION que no es sino, la transformación del barrio debido a los altos costes de alquiler y de venta provocando que la gente salga obligadamente de su barrio para dar paso a hoteles, restaurantes de lujo, es decir, servicios dedicados exclusivamente a turistas o gente de altos recursos económicos.

Todo por querer hacer del barrio algo vivible.

Un caso parecido también se ha dado en el campo de la agricultura, cuando, en un programa de televisión de investigación periodística, contaban que el dueño de una granja de sembrío, cosecha, recolección y exportación de alfalfa, recibió la atractiva oferta por parte de una empresa saudí para comprarla. Los saudíes estaban impresionados de cómo se manejaba la empresa, la misma que, como es lógico, seguía los procedimientos exigidos para cualquier empresa agrícola española, además de sus obligaciones administrativas, fiscales y laborales dispuestas en la legislación lo que, seguramente no se daba en su país y por lo que los saudíes, aceptaron el precio propuesto por el dueño con la condición -eso sí y de mala gana por parte de los compradores- que su antiguo dueño, siga de administrador de la misma hasta que obtenga su respectiva jubilación.

No sé si se puede considerar un caso de éxito o de muerte por éxito ya que, si por una parte la empresa se queda en España, por la otra, su dueño, pasa a ser un extranjero lo que dependería entonces de la óptica que cada cual quiera ver, lo que, por mi parte creo que da igual porque los trabajadores de la empresa, seguramente será gente que vive y tributa en España.

Por último, quizás el caso más asombroso de muerte por éxito que no sé qué consecuencias acarrearía en el futuro y que, personalmente me atrevo a asegurar no son nada halagadoras para los consumidores españoles, es el caso del “jamón ibérico”, producto gourmet por excelencia que ha conseguido prestigio internacional gracias a chefs que los han dado a conocer y a turistas que han venido a degustarlo personalmente.

Tanto es el éxito del jamón que se ha intentado producirlos en otros países, de manera especial en China -los mayores falsificadores del mundo, como se sabe- con el lógico fracaso, ya que las condiciones para un buen jamón dependen del ambiente en que se rodea el animal, de la bellota que consume y que se ha producido en las dehesas ibéricas, de la crianza del animal siguiendo las estrictas normas municipales y de la denominación de origen, entre otras. A los chinos que, debemos recordar, superan en población más de mil millones y su nueva clase pudiente, le apetece el producto para lo cual, no dudan en pagar seis, siete, ocho mil euros, los que sean necesarios, jamones que normalmente pueden costar 300 o 400 euros.

¿Qué pasará en el futuro con tantos miles de solicitantes de jamón si, para producirlos, se necesitarían millones de piernas cerdos con hasta 5 años de maduración, lo que no cubriría la demanda nacional y subiendo por ello su precio, hasta hacerlos inalcanzables para la población española? Quedaría su consumo solamente para aquellos que puedan pagarlo, indudablemente.

Tanto éxito ha provocado entonces, que se vuelva todo contra la misma ciudadanía.

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