domingo, 22 de marzo de 2020

MEMORIAS DE LA PANDEMIA. Parte 1. Del virus que ha trastocado nuestras vidas


                                         Foto: France24

Estamos en el día 10 del confinamiento impuesto por el gobierno que es, al mismo tiempo, un confinamiento voluntario y luego de los primeros días en que aproveché para organizar papeles y para ordenar un poco la casa que había estado descuidada, llegan momentos de inactividad en los que empiezo recién a reflexionar sobre esta pandemia.

Me invade una sensación de tristeza y de repente, afloran recuerdos, imágenes y momentos de cuando éramos felices y no lo sabíamos. Por ejemplo, un simple paseo en otoño por el parque de El Retiro, ver una película en V.O.S. o simplemente, tomarte un café en cualquier terraza de Madrid, momentos que no había valorado hasta que llegó esta pandemia.

Siempre había contemplado la posibilidad que viviéramos una guerra biológica, es más, desde la segunda guerra mundial había existido esa posibilidad, pero al menos yo, creía que previamente debía haber una declaración de guerra y que empezaría con el ataque de uno de los países implicados, pero jamás me hubiese imaginado que sería por las dos ya probables causas que se ventilan se pudo haber originado que son por comer animales exóticos o por un accidente en un laboratorio dedicado a crear un arma biológica.

Sea cual haya sido la causa, lo cierto es que la pandemia está aquí y al parecer, se resiste a desaparecer mientras el mundo observamos impávidos la locura humana por ponerse a buen recaudo recopilando rollos de papel higiénico, geles o jabones sin fin, pero también se han podido ver gestos de generosidad, aunque pocas, pero que felizmente, nunca faltan.

Reflexionaba también en el hecho que, resulta paradójico que en un mundo donde sentimientos como el odio, la insolidaridad, el egoísmo imperan y que los llamamientos de líderes espirituales y de personas de bien que han clamado por volver hacia el noble sentimiento del amor, sean precisamente los gestos amables como los besos, abrazos, el apretón de manos los que nos puedan llevar a la muerte ya que en la saliva o en otros fluidos corporales es donde se aloja el virus. Macabra paradoja como decía, que posiblemente provoque un cambio cultural donde estos gestos desaparezcan al menos, durante un buen tiempo y nos vuelva más fríos. Justamente la ausencia de estos gestos es lo que, al parecer, ha permitido que Alemania no tenga una tendencia alcista de muertes por coronavirus que, en el caso de Italia o España donde estos gestos abundan, sí lo tienen.

Por otro lado, anuncian ahora que en la 2 de TVE van a pasar 5 horas de programación diaria para actualizar a los niños en sus estudios y es inevitable no comparar a lo que sucede en Ecuador. A más del liderazgo malo o bueno del presidente de gobierno Pedro Sánchez - la historia lo dirá- parece que España es un país funciona solo. Ya lo demostró cuando no teníamos gobierno y prueba de ello, es que diversas instituciones privadas o públicas como en este caso, la televisión pública, tienen capacidad de improvisar o de crear aportando su grano de arena para hacer más llevadero el confinamiento, mientras que en Ecuador, sin liderazgo, con funcionarios no aptos para cada rama, todo es un caos, ahondando el sentimiento de indefensión y de terror en la pobre gente que ha optado más bien, por seguir sus propios protocolos que gracias al internet, se  va enterando y lo va aplicando ante la ausencia del estado en sus vidas.

Sin duda, las cosas van a cambiar. Nos volveremos más individualistas, más egoístas y el internet colaborará con ello tanto, que ya no será necesario el contacto cercano con los compañeros de trabajo, los amigos, las familias. Todo será a través de internet porque el confinamiento para detener el contagio, sirvió para demostrarnos que detrás de un ordenador, es posible vivir con cierta normalidad. Incluso saldrán nuevas aplicaciones, formas de negocio, de trabajo y de relaciones sociales a más de las ya conocidas.

Comentaba también con Félix que, de acuerdo a las estadísticas sobre esta enfermedad, el 80% de los fallecidos eran personas de más de 80 años y la realidad es, aunque nos duela reconocer, muchos fallecimientos se constituirán tal vez, en un alivio para sus familiares al ser muchos de esos ancianos, enfermos de Alzheimer o con enfermedades incurables. Recordaba entonces que fue Descartes quien dijo: “Pienso y luego existo”, es decir, si no estás consciente de quién eres entonces no existes y por lo mismo, debe ser doloroso para las familias ver como un ser querido se va convirtiendo en un vegetal que es mejor que descanse en paz. Un debate aún no resuelto por la Iglesia católica y por la sociedad. Más triste es, personas que todavía tenían mucho que aportar como el caso del Marqués de Griñón, que disfrutaba con sus viñedos, de su emprendimiento, se había casado hace pocos años y ahora, muerto por el coronavirus. No deja de impresionar aquello y por lo mismo, me hace reflexionar sobre la fragilidad del ser humano.

Por último, para matar un poco el aburrimiento y mientras la guardia civil se encuentra aparcada a la vuelta de la casa vigilando quien rompe el cerco de la cuarentena, decido escuchar un poco de música pop de los 80 y lo primero que pillo es una canción de Reo Speedwagon llamada Keep on loving you que me retrotrae a recuerdos de mi época de colegio cuando íbamos a Chimbo y se armaban pequeñas fiestas los fines de semana o las tradicionales humoradas en Quito. Es inevitable no recordar a aquellos que se fueron y aquellos momentos de felicidad que será por la pandemia, que uno siente añoranza de aquellos días, deseando no hubiesen terminado nunca y no haber madurado nunca.

Pero lo cierto es que estamos como estamos y toca mirar hacia el futuro con optimismo, pero sin duda, estos días de cuarentena no lo olvidaremos nunca y será parte de la historia de la humanidad del que muchos harán referencia como una época difícil y con ¿miles? de muertos.

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