viernes, 27 de marzo de 2020

MEMORIAS DE LA PANDEMIA. Parte 2. De cómo matamos el tiempo y de la riqueza




Estamos en el día 14 del confinamiento por causa de la alerta sanitaria decretada por el gobierno y pese a que he dedicado buena parte del tiempo a destruir y tirar a la basura papeles, objetos y con ellos, también recuerdos, he aprovechado el tiempo para hacer realidad aquello que, en las cuarentenas, se han escrito obras literarias y por lo mismo, he aprovechado para esbozar mi próximo libro, además de leer Las Olas de Virginia Woolf y escribir a ratos este blog, sin contar que atiendo una que otra consulta virtual relacionada con mi clínica. Hubiese querido también experimentar con platos de cocina, pero no me siento con muchos ánimos que digamos. Mucha gente se está muriendo o está en los hospitales para yo banalizar con ello y me he propuesto más bien, hacer cosas que considero son creativas y de esta manera, hacer un homenaje a la vida.

Pero no deja de llamarme la atención, que mientras a mí casi me falta tiempo, las noticias den cuentan en cambio, de los artilugios que usa la gente para salir del confinamiento y del aburrimiento a tal punto que un perro, se ha convertido en una especie de oscuro objeto del deseo ya que, al estar autorizado pasear al animal para que haga sus necesidades, los que no lo tienen han hecho uso de perros embalsamados o de plástico y hasta de gallinas con tal de salir del encierro.

Risas aparte, sin embargo, no parece ser tan raro que a ciertas personas les afecte el encierro ya que, según algunos estudios de salud indican que éstos pueden provocar problemas psicológicos negativos como depresión, histeria y estrés. Pero también, otros estudiosos indican que las cuarentenas pueden ser grandes oportunidades para formularnos grandes preguntas y encontrar respuestas, es decir, para reflexionar sobre nosotros mismos. Por lo mismo, algunos ya vaticinan que después de esta cuarentena saldremos mejores personas. Espero que así sea aunque, parece que desde ya, lo estamos viendo en las explosiones de solidaridad que se han desatado estos días.

Si así llueve, que no escampe.

Por otro lado, por la forma cómo se ha propagado este virus, he llegado a la conclusión que es el virus de la riqueza ya que el virus ha viajado principalmente en aviones y por turismo. ¿Por qué no existen contagiados y muertos en Haití, por ejemplo, que casualmente es el país más pobre y miserable de América? Sencillo, porque nadie viaja hasta allí. Parece también que los ricos, se están llevando el triste mérito de haber sido el germen del contagio en algunos países, en concreto, como lo indica Infobae, el caso de Uruguay donde una representante de moda que se contagió en Italia y en España y que, a sabiendas que tenía el virus asistió a sendas fiestas contagiando a figuras importantes de su país y no solamente ello, sino que mantuvo a su empleada de hogar trabajando durante varios días en su mansión; o, como lo indica eldiario . es en Río de Janeiro, que se propagó porque una mujer, sin saberlo, limpiaba la casa de una contagiada. Sin irnos más lejos, las redes sociales en Ecuador daban cuenta de que el barrio más rico de Guayaquil, Sanborondón, fue el epicentro del masivo contagio en esta ciudad precisamente por las grandes fiestas de varios de sus residentes cuando ya se había decretado la cuarentena y que habían regresado contagiados desde España e Italia.

Bien lo dice Albert Camus en su ya, libro más leído en esta pandemia, La Peste, que en éstas tragedias es cuando se conoce el verdadero rostro de las personas.

Para terminar, algo que sí me llama la atención es que, a pesar que no me gusta hacerme eco de karmas o de castigos divinos, parece ser que los animales y los niños, éstos últimos no nacidos y nacidos, son inmunes a este virus, lo que, si de reflexionar se trata en estos días, lo hagamos en el sentido que debemos aprender a respetar a los más débiles.

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