martes, 24 de febrero de 2015

TRANSPORTE PUBLICO, asunto de todos (Parte 2)




Foto: Calcuta

Estuve una temporada de vacaciones en Ecuador y he regresado a Europa no solamente decepcionada sino también convencida una vez más, que el Sistema de Transporte Público del Ecuador y particularmente el de Quito, necesitan un cambio radical. Casualmente por aquellos días, se inició un amplio debate con respecto a la subida del costo de los pasajes así como también la conveniencia o no de seguir con la construcción del metro en Quito. Sería por ello que mi opinión llamada “TRANSPORTE PUBLICO, asunto de todos”, se encontró en los primeros lugares del top ten de los artículos más vistos de este blog, demostrándose de esta manera el interés que este tema ha suscitado en la población y provocando que me anime a comentar mis impresiones sobre este problema.

Pues bien, al carecer de un medio de transporte privado, fue la ocasión propicia para hacer uso del transporte público así como también de los taxis, que se han convertido éstos últimos, en la opción imprescindible ante la falta de un transporte público eficiente. Comprobé entonces de primera mano, que nada ha mejorado desde hace quince años que salí del país y que el problema sigue igual o peor que antes, lo que me resulta incomprensible que el Alcalde Rodas, haya comunicado con bombos y platillos el haber llegado a un acuerdo con los transportistas, mediante el pago de un subsidio económico  a aquellos que muestren verdadero interés en mejorar el servicio mediante el cuidado de sus instrumentos de trabajo, así como un mejor trato al usuario, a cambio que se mantenga el mismo precio del billete de transporte.

Siempre me he mostrado en  desacuerdo, como se habrán podido dar cuenta mis amables lectores por medio de este blog, con la mediocridad y falta de voluntad política de las autoridades de turno para encontrar un remedio eficaz a los grandes problemas de la ciudadanía y por ello, me siento decepcionada con esta “solución” por llamarlo de alguna manera que tampoco lo es, ya que se ha demostrado a lo largo de las últimas décadas que este tipo de acuerdos no han llevado a nada sino que más bien han llevado al empeoramiento del servicio, con las consecuencias por todos vistas con una ciudad caótica, desordenada, tercermundista y con el pobre ciudadano anestesiado por la baja autoestima, que sufre estas consecuencias sin apenas tomar conciencia de sus derechos para exigir mejora en los servicios, quien por algo cumple con sus deberes pagando sus impuestos, aunque esto último también merezca un análisis más profundo, ya que éstos han sido rebajados en Quito, mostrándolos como un triunfo y un beneficio para la ciudadanía, cuando es todo lo contrario.

Un problema como el transporte público del Ecuador y concretamente el de Quito, debía haber sido tomado con la máxima seriedad y rigor del caso, sin medias tintas. Por ejemplo, me pregunto si alguien ha hecho mención del estado sicológico incluso siquiátrico de los chóferes que conducen las unidades? Porque al igual que siempre, he constatado que son personas que en un momento determinado van a 20 kms por hora como si ya se durmieran y luego, repentinamente comienzan a acelerar de tal manera que la caja de cambios parece que se rompe por la brusquedad del cambio de marchas, llegando hasta más de 100 kms por hora dentro de la ciudad, especialmente cuando atraviesan los túneles, como si entraran en un estado de catarsis al sentirse dueños de un aparato al que creen controlar, mientras decenas de pasajeros se sienten a merced de unos individuos que nadie conoce qué méritos han hecho para ocupar dichos volantes mientras ruegan a quien sea, no suceda un accidente del que todos tengamos que lamentarnos.

Por otro lado, otra de las preguntas que me hice. ¿Quién define las rutas? Ya que personalmente he comprobado que existen varias líneas que van por la ruta más transitada cuando para otras, por ejemplo de occidente a oriente y viceversa, no existe y si las existiera no se las conoce, porque aunque han colocado unos bonitos letreros al estilo europeo, pero como suele suceder se copia mal y no se adapta a las necesidades del medio donde se implanta lo copiado, se indican en unos plásticos que ya se despegan, donde se inicia la ruta y donde termina la misma, sin señalar los lugares donde pasa la unidad, de tal manera que para un extranjero, -de hecho yo misma ya lo soy-, es imposible dirigirse al lugar de destino sin preguntar a alguien que le guíe o sin perderse en el trayecto. A veces me digo, ¿qué hace tanto funcionario en la Alcaldía, -por decenas- que nadie es capaz de organizar grupos de trabajo donde se analice el problema, se lo discuta y se encuentren soluciones para este entuerto?. Vaya usted a saberlo…
En cuanto a las unidades, son todo menos cómodas, lo que sumado a las altas velocidades en determinados momentos, me parece imposible que un anciano o un discapacitado los utilice, por ello, no me extraña que muchos de ellos opten por el taxi como último recurso para ser transportado decentemente, por una ciudad donde también se hace cada vez más uso del transporte privado, para llegar a su lugar de destino.

De la puntualidad, ni se diga. Es la  guinda del pastel de todo el caos que significa el transporte público del Ecuador. Depende del dueño de la unidad, sin más ni más. Por tanto, es común constatar que en las horas pico brillan por la ausencia y que no respetan las paradas. Por lo visto, también depende de sus estados de ánimo. Paran donde quieren y donde se le antoja también al usuario, que no conoce de normas ni de orden. Aunque tampoco se siente motivado, la verdad.

Por último, es decepcionante el bajo nivel de debate en cuanto a la viabilidad o no de la construcción del metro, ya que que unos alegan para que no se lo construya, el alto costo que llegaría a significar para el usuario, viejo pretexto del que se han asido aquellos que no han creído que la ciudad merece un transporte digno que sin embargo, como lo menciono anteriormente, a los ciudadanos no le importaría pagar dos dólares o más si de esta manera se transporta de manera cómoda…. Por ello, subir las tarifas del taxi como se pretende, sí que sería catastrófico, ya que como decía, es la única alternativa al servicio de transporte público. También se ha defendido que la solución "más económica" serían trenes voladores o algo por el estilo y es que se me hace imposible imaginar estos medios de transportes en una ciudad que está llena de cables, de letreros chillones, de vendedores ambulantes y de miles de coches, que no haría mas que caotizar más la situación y provocar una contaminación visual aún más grave.

Los ecuatorianos nos merecemos un transporte público digno del siglo XXI, digno de un país rico y hermoso como es el Ecuador y digno de unos ciudadanos que están dispuestos a dar todo de sí, si se trata de algo que les dé comodidad y funcionalidad, porqué ya basta de la mediocridad de siempre y que tan inoculada está en nuestra cultura, que ha provocado sin que sea trabajo nuestro, que tengamos que angustiarnos hasta por los altos costos que podrían significar soluciones drásticas y efectivas, lo que ha conllevado a la ejecución de verdaderos paños de agua tibia como este famoso “acuerdo”, que sólo empeorará la situación. Bien sabemos por el adagio popular que “lo barato sale caro”, mientras que "lo que cuesta pero está bien hecho, dura toda la vida".

Nos merecemos esto último, sin duda.

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