miércoles, 29 de agosto de 2018

LA SALUD EN ECUADOR. Parte 1. (El Recurso Humano)


Largas filas para tomar cita en el Hosp. Baca Ortíz.  Foto: Diego Bravo. El Comercio

El tema de la salud me afecta directamente ya que lo conozco de primera mano, tanto a nivel profesional como personal, al haber participado directamente dentro del sistema de salud ecuatoriano como del español. Por lo mismo, me preocupa mucho lo que sucede con este tema particularmente en Ecuador, por cuanto ya van ¡diez años! que no se puede aprobar el nuevo Código Orgánico de la Salud (COS) con las consecuencias derivadas de ello, al persistir prácticas propias de principios de siglo XX, como se puede ver en estas experiencias y en la foto que precede esta opinión. 
Por otro lado, además, parece existir una campaña para desprestigiar aún más el sistema de salud ecuatoriano con el objeto tal vez, de provocar su privatización, situación que lamentablemente se ha puso en práctica en España con el Hospital de Alzira en Valencia con resultados tan desastrosos que, el Estado, ha tenido que hacerse cargo de sus problemas financieros luego de 10 años de experiencia en ese sentido, por lo que se debería estar alerta ante cualquier intento de hacerlo.

Como bien saben los que me han seguido a través de este blog, mi insistencia de comparar varios aspectos de la vida pública de Ecuador con lo que sucede en España, no tiene otro objetivo más que aprender las experiencias positivas que se han dado en este país. Por lo mismo y pese a que la sanidad española ha bajado en diez puntos en el rating de sanidad a nivel mundial de acuerdo a la revista THE LANCET, no dejamos de sentirnos orgullosos de su sistema de salud tanto así que, el New York Times por ejemplo, propuso su modelo de atención primaria de salud así como sus centros de salud para solucionar el problema que representaba el OBAMACARE, para lo cual contaba que en los años 80’, se crearon en España centros de salud a 15 minutos del domicilio de cada ciudadano, evitando de esta manera los intermediarios o las aseguradoras y siendo su servicio, gratuito, ya que la financiación se lo realizaba a través de impuestos y el pago a la Seguridad Social.
En efecto, la financiación de la sanidad española se rige por tres modelos: el Bismarck con aportes a la Seguridad Social o sea financiada por empresarios y trabajadores; el Beveridge que es financiado por el estado y da cobertura universal, mediante impuestos y pagos bajos por parte del paciente (es decir que todo el que viva en España se le da asistencia cuando lo necesite) y por último, el Liberal que es el pago por acto médico y libre mercado. En Ecuador es algo parecido, el Estado financia la salud pública y, por otro lado, los aportes a la Seguridad Social financian su servicio de salud, aunque, lamentablemente he conocido que más de 420.000 personas de los más de ocho millones de afiliados al IESS (Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social), jamás han utilizado sus servicios, mayormente por causa de su ineficiencia administrativa como asistencial.
Mi preocupación, entonces, ha partido de ello. ¿Por qué persisten estos problemas de ineficiencia a tal punto de gozar la sanidad ecuatoriana de tan mala fama?.
Intentando encontrar respuestas a esta interrogante, me he tomado el trabajo de leer el borrador del COS así como también, la LGS (Ley General de la Salud Española) cuyos artículos de éste último, los tuve que profundizar para homologar mi título aquí en España, además de opiniones de expertos y editorialistas ecuatorianos, entre ellos, varios ex ministros de salud y aunque algunos parecen tener la buena intención de aportar con sus observaciones y experiencias, me he dado cuenta que finalmente, divagan en asuntos secundarios ya que, como bien lo aclara la Ministra de Salud Verónica Espinosa, el problema principal para que no se haya aprobado aún el COS, se origina en un gran desconocimiento de conceptos y de cómo debería funcionar el sistema de salud en general, por parte de los interesados, que se ha visto en la necesidad de aclarar cuáles son los entes rectores de la salud por ejemplo, que en este caso recaerían principalmente en el Ministerio de Salud al ser el Ejecutivo un prestador de servicios y a su vez, el garante de los derechos. Por lo mismo, indica que debería existir un consejo consultivo asesor de la Autoridad Sanitaria Nacional la misma que participaría por ley, en la formulación de políticas públicas, en aconsejar al sector, vigilar la normativa, etc., todo esto, de manera articulada y organizada, para que se cumplan las normas.
Algo parecido se hace aquí en España que, en este caso, se traduce en el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, el mismo que es el órgano permanente de coordinación, cooperación, comunicación e información de los servicios de salud entre ellos y con la administración del estado, la misma que está formada por la Ministra de Sanidad y Política Social quien a su vez, ostenta la presidencia y por los consejeros COMPETENTES EN MATERIA DE SANIDAD de las Comunidades Autónomas. De estos consejeros saldrá el vicepresidente elegido por esos mismos consejeros y también consta de una secretaría que será propuesta por el ministro de sanidad y política social.
Entonces, como es lógico, cualquier solución a cualquier problema estaría en entender, primeramente, cómo está organizado todo el sistema de salud de un país ya que, a partir de allí, surgen todos los servicios. Una de las quejas más recurrentes en este aspecto, se refiere a que todas las entidades rectoras, se encuentran centralizadas generalmente en las grandes ciudades, tales como ministerios, grandes hospitales, institutos de investigación, etc. Craso error que evidentemente, entorpece todo el sistema afectando tanto a profesionales como a pacientes.

También he observado confusiones en el sentido de los roles que debería cumplir el recurso humano puesto que, en el caso de los profesionales son dos cosas muy distintas la parte médica y la parte administrativa, ya que el médico por ejemplo que ha estudiado para dedicarse a tratar a los enfermos y sus enfermedades puede o no ser gerente o director de un centro sanitario, mientras que existen profesionales como economistas o abogados que también lo pueden ser siempre y cuando, se hayan preparado adecuadamente para ello generalmente, a través de un postgrado y que luego, deben ser designados mediante concursos públicos. Por lo mismo, el anterior gobierno intentó regular esta situación con relativo éxito, al existir médicos que fungían de directores sin estar preparados para la enorme responsabilidad de gestionar administrativamente y postgradistas en la desocupación por causa de profesionales que cumplían varios roles con dos o tres sueldos provenientes del erario público.

Por último, se debería establecer la cantidad de profesionales de la salud que existen realmente así como los que se necesitan, siguiendo las recomendaciones de la OMS por cuanto al parecer, ni siquiera se tienen estadísticas de los profesionales que laboran en el país de tal manera que, luego de saberlo, se oferten en las universidades las cantidades que se necesitan y también para determinar cuántos profesionales extranjeros están en capacidad de acoger el país para que, de esta manera, todos puedan ejercer de manera digna su profesión y también para que la población esté debidamente cubierta en su asistencia sanitaria.

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