jueves, 31 de octubre de 2013

LAS PERSONAS MAYORES EN ESPAÑA

Foto: Bailes de salón para personas mayores



La foto que precede este escrito, es el anuncio publicitario de una empresa de embutidos que como se puede observar, promociona el cuidado de la alimentación desde tempranas edades para que en la vejez los ancianos, puedan disfrutar de ella con cierto nivel de salud.

El anuncio me gustó sobremanera, porque me recuerda la agradable impresión que me produjeron las personas de la tercera edad cuando llegué a este país hace ya varios años, reflejando éstos, el excelente estado de bienestar con que gozaba España a principios del milenio. El señor del anuncio quien aún se siente guapo y presto a seguir  disfrutando de la vida es, como la mayoría de ancianos con los que me topo y que incluso trabajo: independientes, dinámicos y con una alta autoestima, lo cual me insufla a mí misma de optimismo y de alegría de vivir con miras a un futuro igual o parecido.

Si bien es cierto en nuestros países latinoamericanos, el abuelito o la abuelita de la casa es considerado casi como algo sagrado tanto por su edad como por su sabiduria, esta situación provoca que la mayoría de personas tengamos hacia ellos una actitud más bien paternalista y por lo tanto intentamos sobreprotegerlos y tratarlos como si de seres indefensos se tratasen, impidiendo que se manifiesten abiertamente con lo que desean ser o hacer.

Por lo mismo, he llegado al convencimiento que la diferencia de entender la tercera edad influye indudablemente el desarrollo social promovido por el estado del país donde resido, ya que para empezar los mismos mayores consideran que uno es anciano a partir de la los 75 años. Nada que ver con nuestros países como Ecuador donde una persona de 50 años por ejemplo, en algunos lugares ya se lo considera como un anciano al que le toca irse preparando para morir.

Además, estas personas consideran que su edad es la etapa ideal para comenzar a realizar cosas que quedaron pendientes mientras trabajaban o formaban una familia, para ello disfrutan intensamente de esta edad dorada y particularmente de su jubilación que puede ser progresiva hasta la edad máxima legal para poder hacerlo, es decir a los 65 años (67 años con la nueva ley), a excepción de los autónomos que lógicamente deciden por ellos mismos si se jubilan o no, en función de las necesidades de sus empresas.

De acuerdo a lo anterior, uno de los objetivos de la sociedad es luchar por una jubilación más temprana lo que permite además, el recambio generacional para que los jóvenes opten por su derecho al empleo, manteniendo el equilibrio entre las bolsas de empleo y el sistema de pensiones, que lamentablemente éste último está en serio peligro por causa de un nuevo índice para establecer la subida de sus pensiones que se lo aplicará a partir del 2014 y que redundaría significativamente en su calidad de vida, impedidiendo además que sigan siendo el colchón económico para sus familiares, que en algo les ayuda a sobrellevar la larga crisis que estamos atravesando en Europa.

También está afectando al sistema de pensiones la baja natalidad que acosa a España desde hace algunos años, debido principalmente a que las españolas son madres cada vez mas tarde, a la tendencia de las parejas a tener un solo hijo y a los mas de 120.000 de abortos al año, constituyéndose esta última cifra en casi la mitad del déficit de natalidad en el país, lo que hace que menos personas trabajen en su edad adulta y se reporten menos ingresos a la seguridad social.

Todo esto sumado además, al marcado envejecimiento de la población, lo que no impide sin embargo que estas personas sean uno de los colectivos mimados del Estado, ya que son cerca de ocho millones de mayores de 64 años, es decir casi el 16,7 por ciento de toda la población española y su opinión pesa mucho en cuanto a valoraciones políticas se trata. 

Por lo mismo, el Estado español ha establecido una serie de programas para mejorar la calidad de vida de estas personas, entre ellos fomentar su autonomía e independencia mientras puedan valerse por sí mismos, sea a través de los servicios públicos de atención a domicilio o teleasistencia y cuando ya son muy mayores, enfermos o dependientes en los que ya requerirían del apoyo de algún familiar cercano o de personas especializadas, mediante programas de atención diurna a través de los centros de día, hogares y clubes o a través de las residencias, viviendas tuteladas y acogimientos familiares.

Especial interés provoca el fomento de las actividades de ocio, al que ya no se lo considera un espacio residual, sino una parte importante de su actividad diaria, donde los mayores realizan actividades de todo tipo que incluso muchos se atreven a estudiar, no para sacar un título o encontrar un trabajo sino para sentir la satisfacción de haber conseguido un objetivo valioso en su vida.

El 84% de las personas mayores de 65 años consideran que la amistad tiene mucha o bastante importancia y por ello, en sus actividades de ocio comparten con sus amigos el cine, el teatro, visita a los museos, viajes, talleres de literatura, etc. Y algo muy bonito que enriquece enormemente la última etapa de sus vidas, un 8% concretamente, pertenece a organizaciones de voluntariado.

La financiación de estos servicios se los realiza aplicando el  principio de corresponsabilidad, es decir que una parte aporta el Estado y otra el usuario, lo que se denomina "copago", lo cual me parece bien ya que se elimina el paternalismo o el sentimiento de estar recibiendo caridad.

Por último quiero recalcar en un servicio que me ha parecido muy bueno y digno de imitar y es que desde el año 1990 se estableció el derecho universal a la seguridad social de todos los ciudadanos y el derecho de las personas de la tercera edad a recibir una pensión así no haya cotizado nunca, lo que se conoce la Pensión No Contributiva, de tal manera que todos los ancianos se encuentran cubiertos por este derecho, lo que sumado a todos los anteriores beneficios que he contado, es imposible ver a un anciano tirado en la calle pidiendo caridad o compasión.
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