viernes, 3 de julio de 2020

ESTADO FALLIDO


Viñeta: El Roto

Recuerdo que cuando fue el cambio de milenio, la prensa española hizo varios análisis sobre lo que le depararía a cada continente o a determinado país en los próximos cien años, llegando a la conclusión cuando le tocó a África, que por las circunstancias de la corrupción y los déficit de educación entre sus habitantes se consideraba un continente fallido, por lo que nada cambiaría en el próximo siglo en este bello continente.
Esta conclusión me produjo honda pena y me alegré porque, dentro de lo malo, Ecuador se encontraba dentro de los países emergentes de América del Sur avizorándose, en cambio, para todos los países latinoamericanos, grandes avances en el próximo milenio.
Lamentablemente, hoy por hoy, siento por mi país el mismo desasosiego que me produjo las conclusiones sobre África en aquel entonces y, lo que es peor, un presentimiento que aquello no tiene solución.
Y todo porque la pandemia del COVID-19 ha puesto en evidencia toda aquella corrupción y desgobierno que desde hace tiempo se sabía que, aunque ignorantes de su magnitud, albergábamos la esperanza que pese a todo, algo avanzaba el país sobre todo luego de haber llegado en los últimos años, a ser uno de los países más admirados del mundo, debido la gran transformación que se estaba llevando a cabo con imponentes carreteras y autopistas, inmensas hidroeléctricas, decenas de escuelas del milenio, funcionales y modernos hospitales, reorganización del sistema educativo, mejoras salariales a profesores y policías, entre otras obras, además de un liderazgo que nos subió la autoestima a nivel mundial pero que ahora, hemos vuelto a ser el paisito que vivía en permanente subdesarrollo y de sobresalto en sobresalto, recibiendo limosnas de otros países siendo un país riquísimo en recursos naturales y con gente emprendedora esperando su oportunidad.
Pero lo más triste es que los mismos que lo provocan son los que cargan la culpa al ciudadano tildándolo de incívico, ignorante o propulsor de la misma corrupción solamente porque se ve obligado alguna vez a pagar una coima para que la fila avance o para que un trámite se agilite cuando el país ya debería estar en una etapa de modernización digital.
Por otro lado, la pandemia ha puesto en evidencia otros dos aspectos preocupantes que son: el valor de lo público frente a lo privado y la falta de conciencia ciudadana.
Para lo primero, recuerdo que siempre que viajaba a Ecuador intentaba hacer entender a la gente el valor de lo público, -será por el discurso que ha manejado especialmente la prensa acolitando a sus candidatos de derecha que inoculó en la gente la idea que aspirar a una sanidad o una educación pública, por ejemplo, son medidas populistas fomentado por dictadores populistas- que me manifestaban su desacuerdo mientras presumían de sus trabajos en instituciones públicas, de sus barrios con guardianía privada, sus casas valladas y alarmadas hasta el tejado, sus seguros médicos privados o sus títulos precediendo sus nombres y apellidos. Parecía que el egoísmo y el individualismo había calado en parte de la cultura ecuatoriana.
Lastimosamente ahora, leo con pesar a través de las redes sociales que ni pagando en hospitales privados existen camas para los contagiados por el virus y que el temor a enfermar, no lo es tanto por el virus sino por la posibilidad de no tener donde curarse ya que tampoco existen camas en la sanidad pública. Así mismo, están despidiendo de empresas públicas y privadas a los trabajadores sin respetar su mínimo derecho laboral a una justa indemnización peor a una estabilidad laboral, los bancos subiendo los intereses de los préstamos entregados a intereses usureros, mientras miles de jóvenes observan impotentes el desastroso manejo de las instituciones que se hace de forma verticalizada, con funcionarios todólogos improvisados, en perjuicio de miles de jóvenes preparados que bien podrían haber aportado con sus conocimientos a una mejor organización y evitando de esta manera, que el Ecuador ocupe el desafortunado primer puesto en número de muertos per cápita por el COVID.
Por otro lado, es triste también constatar que la anulación de conciencia ciudadana y cívica ha hecho efecto en la gente a tal punto que son pocos los que cuestionan lo que está sucediendo, algo increíble considerando que en el gobierno de Correa todo el mundo protestaba, cuestionaba, salía a manifestarse… pienso que tal vez la gente está desmotivada porque antes aparecieron grupos de jóvenes que inspiraban confianza y esperanza y que finalmente, resultaron que las mieles del poder los ha convertido en todo aquello que criticaban y que quizás, hasta lo han superado.
Ante este panorama, es difícil ser optimistas y me sumo a ese sentir ya que parece que el Ecuador necesita ser refundado porque se ha llegado a un nivel que todo está viciado y aparentemente corruptible y que hace falta un cambio de cultura, de leyes o de lo que sea. Lógicamente habría que dejar atrás esa idea de que líderes tipo Mesías o superhombre lo van a solucionar sino que hace falta más bien, un equipo de trabajo con gente seria, proba, con mucha preparación y que el voto no sea obligado porque parece que ahí está el germen del desastre que está sucediendo ya que la gente se ve obligada a votar y que, sin educación, la mayoría es propensa a ser lavada el cerebro con el ma¡árquetin y la desinformación con las consecuencias que hoy todos lamentamos.
Empecemos por hacer algo, pero ya.


martes, 2 de junio de 2020

LAS COLONIAS DE MADRID


                                          Colonia Cruz del Rayo

                                          Colonia Pico del Pañuelo

                                          Entrada Colonia La Prensa. Foto. J.M. Azcona


                                          Casa Barrio La Magdalena

                                          Barrio La Mariscal

                                          Barrio Villa Flora

Cambiando un poco de tema a uno que me apasiona que es la arquitectura, quería comentarles que Telemadrid tiene un programa bastante ameno que se llama “Mi cámara y yo” y que, en uno de ellos, pasaron un reportaje sobre “Las últimas colonias de Madrid” que no son sino pequeñas urbanizaciones protegidas oficialmente desde el año 1979 con casitas independientes o adosadas, rodeadas muchas de ellas de jardines o con patios interiores y que comúnmente se los conoce como los “chalecitos u hotelitos”. La particularidad de estos es que quedan dentro de Madrid y son algo así como unos pequeños pueblitos dentro de la gran ciudad que es Madrid y que fueron construidas como una consecuencia de los primeros movimientos higienistas que huían del centro de la ciudad.

Me emocionó verlas porque se parecen mucho al barrio donde yo viví “La Santiago” o, como otros como la Villa Flora, La Magdalena o la Mariscal en Quito, capital del Ecuador.

Estas colonias de Madrid son, entre otras, la Jardín, Cruz del Rayo, El Viso, Guindalera, Moscardó y nacieron en los años 20’ y 30’ del siglo pasado mediante la Ley de Casas Baratas para determinados colectivos como de los carteros, de los militares, de los maquinistas, de los periodistas, etc. y que, en un principio pese a que se consideraron más bien como casas modestas, al día de hoy han sido revalorizadas a tal punto que se cotizan por varios millones de euros aunque, previamente tuvieron que ajustarse a los estrictos requerimientos del plan de protección de patrimonio del ayuntamiento para realizar cualquier mínimo cambio lo que no ha impedido que las reformas sean de gran calidad estética y funcional. Actualmente y debido a su gran plusvalía acoge entre sus vecinos a una gran cantidad de artistas y profesionales.

Al quedar estas colonias dentro de Madrid fueron apetecidas por las empresas constructoras de edificios de apartamentos los mismos que se hicieron de algunas por los años 50’ y 60’ quedando muy pocas gracias a la acción vecinal, grupos de arquitectos y medios de prensa que defendieron prácticamente con uñas y dientes ya que, en verdad, aunque pequeñas son casas preciosas que tienen diversos estilos arquitectónicos.

Como decía al principio, estas colonias se parecen a algunas urbanizaciones de Quito como son la Villa Flora o la Magdalena que fueron construidas a mediados del siglo XX en el sur de Quito, seguramente al considerar que el Panecillo sería el centro de la ciudad y del que, a partir de él se encontraban terrenos más aplanados sin tanta pendiente como el norte de la ciudad, ideales para construir viviendas para la mayoría de la población y que se construyeron, aunque pequeñas, pero con una estética primorosa y funcional.
  
Lamentablemente gracias a la desidia de las autoridades y a la ignorancia de la gente, se han ido reemplazando por grotescas construcciones de bloque, cemento y zinc dedicándolas la mayoría al comercio y al subarriendo. Menos mal que también existe gente como la señora Avelina Zúñiga que, según el diario La Hora ama a su barrio y es consciente de la riqueza de la arquitectura que ha conservado su casita cuidándola como mejor puede. Afirma la señora Avelina, además, que muchas casas del barrio La Magdalena tenían áticos y sótanos y que, lamentablemente no encuentran albañiles y decoradores con el conocimiento suficiente para que restauren adecuadamente las casas. Esa actitud parece fomentar también, la vida de vecindario donde todos sus moradores se conocen y se sienten orgullosos de su legado, algo que lamentablemente, escasea en Ecuador.

Algo parecido sucedió también en La Mariscal, aunque este era un barrio de gente pudiente que, al ver que crecía la ciudad se fueron replegando más hacia el norte, convirtiéndose luego, este barrio, en una zona empresarial, bancaria y por las noches, en zona rosa, para lo cual derrocaron varias casas con gran valor histórico y arquitectónico reemplazándolas por modernos y uniformes edificios.

En mi caso personal tuve la suerte de vivir en la colonia Pico del Pañuelo al sur de Madrid y vale recalcar que, además de resultar bastante agradable residir en uno de esos edificios históricos gozaba del fácil acceso a los principales lugares de Madrid como son Atocha, Sol, El Retiro, etc. Se dice que se llamaba así por la estructura total del conjunto que tenía forma triangular y que sus tres vértices dan respectivamente a la Glorieta de Legazpi, a la Plaza General Maroto y a la Plaza Beata María Ana de Jesús. Fueron creadas acogiéndose también a la ley de las casas baratas para fungir como viviendas de los obreros que trabajaban en El Matadero, hoy convertido en un centro cultural de gran importancia. Cada edificio consta de 5 pisos y son pintados de color amarillo y gris y tienen una arquitectura entre Art Noveau y Clásica.

viernes, 15 de mayo de 2020

TODO LO QUE QUISIMOS SER, de Jessica Jiménez




Había visto documentales y leído varios reportajes acerca de la migración española hacia América y al resto de Europa durante los siglos XIX y XX, de manera particular durante la Guerra Civil y la postguerra, descubriendo que tenían en común el hecho que había gente que no tenía recuerdos o evidencias físicas de sus familiares o conocidos que habían salido del país en condiciones evidentemente extremas por lo que, ante la falta de imágenes o documentos que reflejen de alguna manera las razones de su salida, sus itinerarios o las condiciones en qué vivieron luego en los países donde habían calado, decidieron crear asociaciones para recopilar toda esa información y principalmente, para que “no se pierda la memoria”, permitiendo de esta manera a quien quiera conocer o investigar acerca de esta dura etapa de la historia española, pueda hacerlo.

Y fue ésta la razón que me llevó a escribir este libro al ser, además, afectada y protagonista en primera persona de un proceso migratorio que se dio desde Ecuador hacia España, durante su época más difícil que fue desde el año 1997 hasta el 2001 y también, porque percibí que era necesario exponer esta parte dolorosa de nuestra historia, aunque, desde un punto de vista novelístico ya que la información estadística y social, en cambio, goza de abundante información gracias a la preocupación de los respectivos gobiernos de ambos países.

TODO LO QUE QUISIMOS SER, entonces, quiere preservar esa memoria y dar a conocer mediante una novela hechos que no son reales, pero que sí están inspiradas en ellos, con historias que pueden ser la de una madre, la de un sobrino o la de algún amigo ya que se sitúan no solamente dentro del contexto del drama de la migración sino también, de la vida misma.

Espero sea del agrado de todos y se lo puede encontrar tanto en formato físico en las principales librerías como El Corte Inglés, La Casa del Libro, FNAC o en formato digital descargable en las plataformas digitales como Amazon o a través de ESTA PÁGINA.

sábado, 9 de mayo de 2020

MEMORIAS DE LA PANDEMIA. Parte 7 y última. De las enfermedades mentales



Día 55 de confinamiento.

No cabe duda que las enfermedades mentales siguen siendo la oveja negra de las enfermedades del cuerpo humano en la mayoría de países del mundo. Y parece ser que, ese menosprecio es más manifiesto en países pobres como el caso de Ecuador, tal es así que, frente al repunte suicidios por causa de COVID, las autoridades han considerado que la cifra de ocho suicidios que se reportan diariamente desde que comenzó la pandemia, no es alarmante ya que lo “normal” había sido, al menos, cinco semanalmente lo que indica el grado de atención y empatía que existe por parte de quienes se supone están para prevenir los problemas de salud de la población.

Por tal razón, me llamó la atención que en España, el hecho que cualquier trabajador que tenga una depresión, por ejemplo, le da derecho a solicitar la baja laboral o una incapacidad temporal y permanente al ser incapaz de desenvolverse normalmente en un trabajo para luego, seguir un tratamiento hasta esté más o menos recuperado. Más aún, saber que Argentina es el país donde la gente visita el diván del psicólogo con mayor asiduidad que para cualquier otra enfermedad, demostrando de esta manera, la seriedad con que los argentinos se toman sus problemas emocionales. Se dice que en este país existen 200 psicólogos por cada 100.000 habitantes.

En Ecuador, al contrario, las enfermedades mentales siguen siendo un tabú.

La gente tiene vergüenza reconocer que tiene un problema psicológico o, lo que parece más probable, desconoce tenerla. Por lo mismo, al ser un país con demasiados sobresaltos políticos, económicos y naturales, una persona enferma y desesperada, más bien opta por una solución drástica como es el hecho de quitarse la vida. En el mejor de los casos se refugia en las creencias religiosas y en su familia o, lo que es más lamentable, convive con sus semejantes de tal manera que hasta existen locos sueltos o personas con graves problemas emocionales dirigiendo la cosa pública y privada con las consecuencias por todos conocidas.

Por mi parte, siempre me ha interesado el tema de las enfermedades de la mente ya que, desde que era pequeña hasta que el momento en que me establecí en España, observaba en ciertas personas comportamientos que no cuadraban dentro de lo que yo consideraba, normal. En España, por supuesto, que también las veo, pero ellas mismas se reconocen enfermas y hasta cuentan el tratamiento que reciben y el número de pastillas que toman diariamente, lo que ha permitido de alguna manera normalizar el hecho de tener este tipo de enfermedades logrando la comprensión y la tolerancia de los demás. En el caso ecuatoriano, tarde me di cuenta que todo era también parte del sistema de desigualdades que imperaba e impera actualmente en el país.

Y lamentablemente la situación no es reciente. Es desde siempre.

Recuerdo que, en mi caso personal, pese a haber tenido una infancia feliz y relajada, algo se torció a partir de la adultez, la misma que coincidió con el retorno a la etapa democrática luego de una dictadura, llegando a sentir zozobra y fracaso como país cuando, como consecuencia de los cortes de luz que podían durar hasta doce horas diarias, me invadía una sensación de desánimo al constatar la incapacidad de los gobernantes por solucionar, entre otros problemas, un asunto tan básico como era el de dotar de energía eléctrica a sus habitantes, pese a ser un país petrolero.

Posteriormente, soporté también una etapa de inestabilidad laboral en la última empresa que trabajé, la misma que coincidió con el desbarajuste político y económico del país que llegó a su clímax con la defenestración de tres presidentes de gobierno, la quiebra bancaria y como si esto no hubiese sido poco, con la erupción del volcán Pichincha, con la consecuencia de huelgas, paros, decenas de suicidios, millones de ecuatorianos que emigramos a otros países, parejas destruidas, violencia intrafamiliar, gente infartada, etc., etc.

Situación que, menos mal y con el pasar de los años con la dolarización y las remesas enviadas por parte de los expatriados el país gozó de más de una década de estabilidad económica, social y política que, parecía al fin, habíamos llegado al estatus de país con cierto nivel de desarrollo y de prestigio reconocidos en todos lados por donde íbamos.

Pero, lamentablemente parece que duró poco.

El caso es que, volviendo al tema del desconocimiento de la afectación de los problemas psicológicos por parte de la población, éstos están provocando graves problemas sociales a tal punto que la gente ya no está muriendo solamente por coronavirus sino también a causa de la depresión y la desesperanza ante los abundantes casos de corrupción, de la falta de información que ni se sabe cuántos muertos o contagiados existen por causa del virus y la desesperanza ante un futuro incierto.

Se ha vuelto común entonces, escuchar a jóvenes que manifiestan no saber si van a volver a estudiar o si, en caso de concluir sus estudios, si podrán trabajar, o a gente que se ha quedado sin trabajo con la consecuencia de no tener comida para llevar a sus hijos, a personas mayores aterrorizadas ante la posibilidad de tener que acudir a un hospital donde existe más probabilidad que se infecte que en su propia casa, a emprendedores que, pese a no tener ninguna ayuda se ven obligados a cerrar sus negocios, a gente desconcertada ante la falta de liderazgo o de decisiones absurdas tomadas por sus jefes… en fin, un panorama desolador del cual, me es imposible ser indiferente.

La solución parece estar en que, nuevamente se debe reconstruir el país, aunque para ello, se debe hacer una autocrítica general y reconocer las causas que han llevado al estado en que se encuentra el país, porque de seguir así, la desesperanza y la depresión seguirán haciendo mella en los ciudadanos y las estadísticas de suicidios seguirán creciendo ya que, al parecer, a nadie le interesa ayudar a esta gente ni mucho menos, sugerirle que busque ayuda profesional.

miércoles, 29 de abril de 2020

MEMORIAS DE LA PANDEMIA. Parte 6. De la solidaridad




Día 46 de confinamiento.

Como se sabe, desde los primeros siglos de la cristiandad la solidaridad se erigía como característica fundamental de la misma, al ser los primeros cristianos perseguidos y que, por consiguiente, debían compartir y organizarse si deseaban sobrevivir. Luego, esta característica se fue institucionalizando dentro de la misma Iglesia y conforme fue avanzando la civilización, los estados también la hacen suya al establecer como compromiso ineludible de la democracia, el de velar por las necesidades de la población sobre todo en lo concerniente a la salud, la educación, etc.; así mismo, otras organizaciones y ya en los tiempos modernos, también la institucionalizan sin tener que ser necesariamente católicos o funcionarios públicos para lo cual se crean las famosas ONGs (Organizaciones no gubernamentales).

Por otro lado, alguien dijo que, en los momentos difíciles de la humanidad como pueden ser un terremoto, un tsunami, una guerra o, como en este caso que nos ocupa en este momento, una pandemia, es cuando las personas pueden sacan lo peor o lo mejor de sí mismos. Por lo mismo, me es inevitable no reflexionar sobre este asunto, al comprobar que existe más solidaridad en unos países que en otros, ya que, según las noticias publicadas, por ejemplo, en unos sitios se han creado redes de ayuda en el vecindario para hacer la compra o recados a ancianos o discapacitados que no pueden movilizarse; o que, en las altas esferas, futbolistas famosos como Bale que ha donado medio millón de euros al hospital de Gales y otro medio millón al de La Paz de Madrid para que gestionen tratamientos para el coronavirus; en otros países, en cambio, la insolidaridad campea a nivel institucional como el frustrado negociado a través del IESS (Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social) de millones de mascarillas las mismas que normalmente cuestan 1,50 dólares y que se pretendieron declararlas como que habían costado 12 dólares o, que se prefiera pagar 800.000 dólares en publicidad para promocionar a una autoridad en vez de comprar test de diagnósticos de coronavirus con los cuales se habría podido salvar miles de vidas.

Pese a esto último, no se puede desconocer que en el Ecuador si existe gente solidaria la misma que trabaja anónimamente y que lamentablemente, no son objeto de noticia, al preferirse publicar las acciones más bien de los políticos que están en permanente campaña haciendo alarde de sus obras con los recursos del estado. Y en este punto, me he preguntado ya varias veces ¿cómo puede existir gente tan buena en medio de este ambiente de aparente quemeimportismo? Y la respuesta es que, generalmente es gente que la vida le ha golpeado demasiado debido al sistema injusto que le rodea y que ha sabido canalizar sus malas experiencias de forma positiva, lo que en países desarrollados a lo mejor se solucionaría con un tratamiento psicológico o con pastillas, en Ecuador, se transforma en un deseo de sobrevivir con la ayuda inestimable de las redes familiares y de la fe religiosa del que luego, se les hace fácil empatizar con los otros.

Pese a todo ello, no ha sido difícil para el gobierno y para los medios de comunicación culpar de la falta de solidaridad en momentos en que se exigía que guarden el confinamiento, a la cultura heredada de los ecuatorianos, a su falta de educación y, por último, a la falta de valores inculcados por sus progenitores, descartando cualquier responsabilidad de su parte pese a que ellos son también, los encargados de trasmitir dichos valores.

Recordaba que de pequeña, existía en mi escuela la asignatura de “Urbanidad y Cortesía” que no se si era iniciativa propia del pensionado católico, pero recuerdo también que mi hermano que estudió en una escuela municipal, también tenía una asignatura parecida y por ello, aprendíamos desde pequeños rutinas de aseo personal, recibíamos disertaciones sobre el respeto a las personas adultas, a los ancianos y, ejemplos de civismo por parte de personajes considerados héroes y tal es así, que me llama la atención todavía cuando regreso luego de muchos años al Ecuador, del trato respetuoso que se da a las personas, tratándome particularmente, de “Señorita” o saludando con un “Buenos días” en cualquier lugar al que llego. Pero, esa asignatura se dirigía especialmente a reforzar esos valores, es decir, los de urbanidad y cortesía que, de allí los otros, es decir los morales ya partían del medio donde uno se desarrolla o vive.

La solidaridad se aprende, entonces, cuando los niños y jóvenes ven en sus padres o en sus líderes gestos de generosidad o de renuncia; cuando se observan políticas fiscales equitativas y justas que no les obligue a salir durante el confinamiento, a buscar el pan porque el día que no lo hagan, no comen; cuando existe una adecuada distribución de la riqueza y corresponsabilidad en los deberes cívicos; cuando se observe en los medios de comunicación un periodismo que eduque e informe y que no enaltezca como héroes al ladrón, al defraudador o al mentiroso.

Porque, no es lo mismo ser solidario cuando se vive en un medio donde el estado posee un plan social, sanitario o económico que le dé seguridad y le garantice, al menos, su supervivencia, que en otros donde no existe un sistema sanitario universal, no están cubiertos sus derechos laborales o, en resumidas cuentas, la maquinaria del estado es incapaz de poner en marcha un plan para no dejarlo desamparado frente a estas adversidades.

Sin esas garantías y sin ese ejemplo, indudablemente la solidaridad se ausenta y no se puede juzgar por ello.


viernes, 17 de abril de 2020

MEMORIAS DE LA PANDEMIA. Parte 5. De los liderazgos y de la Sanidad Pública


                                            Foto: El jueves

Estamos en día 34 del confinamiento y, al parecer, vamos a estar así hasta el 10 de mayo, por tal razón, continuamos con las reflexiones.

Bien. A tenor de lo observado en las últimas semanas, parece que esta pandemia ha sido la oportunidad para desnudar a los gobiernos, sus sistemas sanitarios y a sus líderes políticos.

Por lo mismo, no en vano se dice que, en las dificultades es cuando los buenos líderes se crecen mientras que los malos, simplemente demuestran sus carencias. De allí, que es fácil concluir que no es lo mismo el márquetin que los ha llevado o los mantiene en los altos cargos, que mostrar la capacidad de decisión, de iniciativa y hasta de improvisación, por cuanto el virus, desconocido hasta ahora para todos, ha demostrado ser de gran letalidad y capacidad de propagación, lo que ha dado poco margen de acción para salvar la mayor cantidad de vidas por parte de todos los gobiernos del mundo.

Por lo mismo, ha sido inspiradora y sorprendente la actitud del ya mundialmente conocido presidente de El Salvador, Nayib Bukele, quien ha demostrado tener una gran capacidad de liderazgo, de previsión y porque no, de amor por su patria por cuanto, ante el evidente impacto que iba a tener la pandemia en la población, él supo prever lo que se avecinada y consideró que su país, al ser pobre, no tendría la capacidad económica suficiente para contrarrestarlo por medios técnicos y sanitarios por lo que tomó medidas adecuadas, entre ellas, cerrar las fronteras aéreas y terrestres del país que, a la larga, demostraron ser efectivas.

No ha sucedido lo mismo con otro presidente, el de Nicaragua, quien optó por “enfrentarle al COVID-19” mediante sendas concentraciones humanas y, al día de hoy, no se han aplicado medidas contra el virus y el mismo presidente, recién ha dado señales de vida luego de casi un mes. No se sabe al momento ni cuantas víctimas o contagiados puede tener el país, creando la incertidumbre que por tal motivo, sus ciudadanos y hasta la guerrilla ha pedido medidas concretas.

Más curioso ha sido el caso del primer ministro de Inglaterra, Boris Johnson, quien manifestaba la necesidad de seguir un protocolo distinto al que sugerían la OMS y el sentido común ya que, -según palabras de él- se trataba de provocar una inmunización colectiva contaminándose unos a otros a tal punto, que el sistema inmunitario se refuerce y el ser humano enfrente protegido al virus y tal es así, que él mismo alardeaba haber saludado con la mano y dado besos a multitud de gente hasta que, hace algunos días, manifestó síntomas que lo llevaron de urgencia a internarle en la UCI para susto de sus gobernados y del resto del mundo que mirábamos impactados, las consecuencias de tamaña estupidez, por decir algo suave.

Y en este punto, es inevitable no preguntarme con qué tipo de asesores se rodean los gobernantes para que hayan optado por las decisiones que han tomado, sobre todo de este último ya que se supone, un gobernante debe rodearse de los mejores profesionales en las ramas más importantes de la función pública porque, al menos, en nuestros países latinoamericanos se conoce y hasta se tolera que amigos, familiares y conocidos ocupen dichos cargos lo que no se entiende, en cambio, que en potencias mundiales como es el caso de Inglaterra, sus asesores -supongo- hayan puesto en riesgo la vida del primer personero del país y de su población en general que, menos mal, terminó con felicidad al no tener que lamentar la muerte de un importante político mundial.

Por otro lado, es triste reconocer que existen cosas que pueden ser buenas para unos países pero pueden ser contraproducentes para otros. Me explico. En las democracias más desarrolladas como lo son España, Italia, EEUU o Francia, por poner unos ejemplos, la ciudadanía, la oposición y la prensa exigen que los gobernantes transparenten los datos y en el caso especial de este virus, de los muertos, contagiados y curados, lo que provoca que cada día podamos observar el seguimiento que se da a los mismos y de las medidas que se toman para aplanar “las curvas” estadísticas que, en un principio, subían sin parar para angustia de los que la seguíamos. 

Pues bien, todo lo contrario sucede en otros países, especialmente en Ecuador, donde no se tienen datos reales lo que provoca la desinformación de la gente y lo que es peor, la angustia ya que en las redes sociales, dan cuenta de cientos de muertos los mismos, que no son recogidos de las viviendas y que, al estar colapsado el sistema sanitario y funerario especialmente de Guayaquil, estos cadáveres yacen en las calles de la ciudad provocando la lógica expansión de forma exponencial, del virus. El problema está, en que, no solamente la ciudadanía sino también, editorialistas y alguna que otra autoridad, toman como referencia los datos ofrecidos por gobiernos responsables para cuestionar o compararse lo cual, es bastante cuestionable ya que, mientras lo hacen, cientos de personas se están muriendo y los que sobreviven están aterrados ante algo que desconocen y por tanto, no saber cómo actuar. Deberían más bien cuestionar y exigir al gobierno, que trasparenten la información para que la ciudadanía sepa a qué atenerse.

También se han desnudado otra triste realidad. La de la importancia de poseer un sistema sanitario público que brinde sanidad gratuita a todos sus ciudadanos. Desde hace muchos años se ha luchado día a día tanto por parte de políticos de izquierda como por los mismos trabajadores y profesionales sanitarios españoles que defienden este tipo de sanidad lo que, ahora que vivimos esta pandemia, ha demostrado la efectividad de toda esa lucha tal es así, que precisamente una de las promotoras de las privatizaciones, al haber sido diagnosticada de COVD-19, hizo uso precisamente de la sanidad pública, para curarse tanto ella como su marido, al cabo de pocos días.

Tremenda paradoja que, al parecer, por causa de la pandemia, provocó el frenazo en los intentos de privatizarla en el caso de Ecuador ya que, desde hace un par de años, no cesaba la prensa de comentar las falencias en el sistema sanitario ecuatoriano lo que, menos mal, ha demostrado que ha funcionado en algo, aunque se haya mermado su presupuesto aparte de que, durante el correísmo se opusieron a todo intento del cobro de impuestos a las grandes fortunas lo que, hubiese servido para mejorar el sistema de salud y quien sabe, ahora no estuviéramos lamentándonos por los fallecidos.

Sin duda son lecciones que nos quedan pese a la dureza de las experiencias y que espero sirvan, para tomar las decisiones adecuadas.

sábado, 11 de abril de 2020

MEMORIAS DE LA PANDEMIA. Parte 4. Del sentido de la vida y la muerte


Estamos en día 28 del confinamiento y aún no sabemos si seguiremos o no con esta medida a lo largo del mes de mayo. Mientras tanto, seguiré compartiendo mis reflexiones, si mis lectores así lo permiten.

En mi último post había manifestado mi escepticismo con relación, a que luego de esta pandemia, saldríamos reforzados siendo mejores personas, pero parece que me estoy equivocando. No del todo, por supuesto, porque comparando a lo que sucede entre las distintas sociedades, donde vemos que unos se aprovechan para lucrarse con esta tragedia, otros en cambio, han encontrado tiempo para aflorar una conmovedora solidaridad. Y eso, es algo que merece ser destacado.

Por otro lado, parafraseando al gran chef catalán Joan Roca quien dijo una frase cargada de verdad, es que luego de esta epidemia, todos habremos perdido algo y yo añadiría que muchos, habremos perdido más. Y esto, lo recalco porque, al menos a nosotros (mi familia y amigos), nos ha tocado de cerca con el fallecimiento de un gran amigo, del cual, ya había comentado en este blog a propósito del gran aporte que éste hacía a la cultura ecuatoriana, difundiendo por todo el mundo los saberes ancestrales a través de la danza y la música.

Estaría por demás comentar lo que se siente ante la pérdida de alguien tan cercano y lo que es peor, siendo tan joven y con mucho que aportar aún. Sin embargo, me es imposible no compartir esos sentimientos de desconcierto y decepción por cuanto, al menos a mí, se me hace difícil entender del sentido de la vida. Y no me extrañaría que mucha gente, en momentos como este, optara por hundirse emocionalmente y en el peor de los casos, suicidándose, al no encontrar respuestas y sustento espiritual para sobrellevar tan duros momentos.

Como decía, no encuentro sentido a la vida si ésta, está destinada a ver partir a las personas que queremos y más, en estas duras circunstancias. Pero luego, también creo que se puede encontrar sentido, en cuanto, uno de los privilegios que se nos han dado nuestros padres al permitirnos vivir, es precisamente el gozar de esas personas. De su amistad, de sus conocimientos, de los momentos agradables del que luego, quedan los recuerdos. Alguien dijo que “Recordar es volver a vivir” o, esta que me gusta más, que “Recordar es volver a ser felices”. Y es así, porque esos recuerdos quedan en nuestro poder, para guardados en los cajones de nuestro corazón y de nuestro cerebro y tener el privilegio de abrirlas cada vez que nos dé la gana y compartirlas a manera de anécdotas o enseñanzas, con quien creemos son merecedores de receptarlas. O simplemente, para volver a ser felices, como bien decía la frase en un párrafo anterior.

Lo único cierto es que, nos volvamos malas o buenas personas, o hayamos perdido o no algo, todos habremos cambiado, porque lo que ha sucedido, nos dejará huellas. Hay quienes piensan que todo volverá a ser como antes, pero yo pienso que el mundo nunca lo volverá a ser, a menos, que se consiga un remedio dentro de la medicina, que nos haga olvidar esta pesadilla. Mientras tanto, cambiarán nuestras costumbres, ya nos abrazaremos ni nos besaremos, cambiará la manera de hacer las reuniones, los espectáculos públicos, la forma de trabajar, de viajar, se reforzará la sanidad y valoraremos más a los profesionales sanitarios.

Y cuando contemos a las siguientes generaciones y veamos las imágenes de lo que provocó la pandemia por medios digitales a través de los años, si es que sobrevivimos, se nos hará difícil no echar una lágrima.

jueves, 2 de abril de 2020

MEMORIAS DE LA PANDEMIA. Parte 3. De la postpandemia y Guayaquil




Estamos en día 19 del confinamiento y luego de haber puesto en orden muchas cosas en la casa, parece que queda más tiempo para la reflexión.

Los noticieros copan las noticias sobre el COVID-19 y por lo mismo, es inevitable no reflexionar sobre sus causas y consecuencias. Con Félix, por ejemplo, analizamos del por qué en España e Italia tenemos tantas muertes de personas y del por qué la mayoría son ancianos. Y la respuesta creemos que está en ello mismo, puesto que ambos países tienen una alta población de ancianos que, en España por ejemplo, se constituye el 5% de la población lo que se traduce en algo cercano a los 10 millones de personas, además que por la estructura arquitectónica de sus ciudades donde, al menos en Italia, predominan las edificaciones verticales con calles estrechas y espacios públicos densos lo que favorecería la supervivencia del virus en el ambiente, provocando el contagio predominante de este colectivo que, de por sí es uno de los más vulnerables.

Por otro lado, analistas, editorialistas y personas de bien pronostican que, por las circunstancias de esta pandemia, luego de ella, seguro que saldremos mejores personas, algo que no estoy tan de acuerdo que digamos ya que, por experiencias anteriores de catástrofes naturales como tsunamis o terremotos o financieras como la de hace diez años, lo que se ha visto más bien, es todo lo contrario. Gente que olvida fácilmente y que vive como si la vida nunca se fuera a acabar y que, por lo mismo, persisten los egoísmos, consumismos e irresponsabilidades con el medio ambiente, por ejemplo.

Espero sinceramente, no equivocarme en mi apreciación.

También he reflexionado sobre las diferencias entre las sociedades en cuanto a llevar la pandemia y es inevitable para mí, no hacerlo ya que me encuentro en medio de dos países que amo. Mientras en España la gente se queja que los vestidores del hospital temporal del IFEMA que fue construido en dos días por los militares, no son los suficientemente amplios, en Ecuador, en cambio, las redes sociales dan cuenta del retiro de decenas de cadáveres en las esquinas de las calles de Guayaquil, la ciudad más poblada del país, como consecuencia de la falta de previsión y por la ineficiencia de las autoridades que se han visto desbordadas por las circunstancias.

Y a propósito de Guayaquil, me duele Guayaquil.

Recordaba cuando en el 2007 la visité, me llamó mucho la atención más que el nuevo Malecón, su gente. Gente limpia, con la mirada triste, amable y pese a que algunos vivían en muchas de las casas del sector más turístico de Las Peñas y al no tener trabajo, no salían de ellas para no dar una mala imagen. Hacía falta una tienda que venda agua para el calor, pero ahí estaban, solo viendo pasar a la gente y eso me dejó pensando. Parecía que se gente se había quedado anestesiada.

Y la causa puede estar en que Guayaquil es, como muchas ciudades importantes de Latinoamérica, como lo son en Perú, Bolivia, Venezuela, México o Brasil tiene un sector de su población vive su propio paraíso y que, a la vez, se siente dueña absoluta de la ciudad a tal punto que, en algunos casos, hasta han exigido su independencia.

Al ser una ciudad porteña Guayaquil, desde su fundación acogió a miles de ciudadanos llegados de otros países particularmente de Panamá, China, Perú, Venezuela, Líbano o Barcelona y como la mayoría de inmigrantes económicos que llegaron con una mano adelante y otra atrás a emprender, crearon empresas y negocios que no existían en la joven república del Ecuador, convirtiéndola en el motor económico del país. Gracias a ello, estos inmigrantes junto con otros venidos de dentro del Ecuador, se hicieron poco a poco con el poder económico y social, a la par que construían barrios exclusivos y relegando al mismo tiempo a los nativos quienes, por el contrario, se sumían en una espiral de pobreza e ignorancia, acrecentando los cinturones de miseria de la ciudad cuyos máximos exponentes son los famosos “guasmos” que no son sino casitas de caña construidas sobre los esteros sin canalización ni luz ni agua.

Como decía, algunos descendientes de estos inmigrantes se hicieron mayormente con el poder político desde donde crearon condiciones especiales para mantener o acrecentar sus fortunas, convirtiendo para ello en su botín particular las instituciones públicas de la ciudad y llegando a su clímax con los tristemente célebres hermanos Bucaram en la alcaldía, quienes convirtieron a la ciudad en caótica, desorganizada, sin Dios y sin ley. Tuvo que llegar un expresidente residente en la misma ciudad para reorganizarla y devolverle la dignidad que alguna vez perdió la ciudad.

En efecto, León Febres Cordero y su delfín, Jaime Nebot gobiernan desde entonces en la ciudad y la provincia y, lamentablemente, a la par que la reorganizaban y la embellecían copiando la estética miamense, se afianzó como arma de oposición durante el gobierno de Correa el conocido como “Modelo exitoso de desarrollo”, mientras descuidaban precisamente aspectos importantes del desarrollo, como son la salud pública, el empleo, la vivienda digna, el acceso a la educación, a la cultura para todos los estratos sociales, etc. y razón por la cual, observamos con impotencia sus consecuencias que han desnudando a una ciudad carente de liderazgo y sin los servicios esenciales.

Resultado de toda esta historia: gente que no acata el confinamiento porque sus viviendas carecen de lo mínimo de habitabilidad, gente que sale a vender en las calles porque tienen que llevar el sustento diario a sus hogares, un servicio de salud que no se da abasto y que está desorganizado y, lo más triste, decenas de cadáveres por las calles como consecuencia del CORVID-19 y quizás, hasta por la delincuencia común.

Entonces, el famoso “Modelo exitoso de desarrollo” no era tal.

Esperemos que la gente abra los ojos por fin y se de cuenta que las campañas de márquetin no significan obras palpables que redundarán en su beneficio.

viernes, 27 de marzo de 2020

MEMORIAS DE LA PANDEMIA. Parte 2. De cómo matamos el tiempo y de la riqueza




Estamos en el día 14 del confinamiento por causa de la alerta sanitaria decretada por el gobierno y pese a que he dedicado buena parte del tiempo a destruir y tirar a la basura papeles, objetos y con ellos, también recuerdos, he aprovechado el tiempo para hacer realidad aquello que, en las cuarentenas, se han escrito obras literarias y por lo mismo, he aprovechado para esbozar mi próximo libro, además de leer Las Olas de Virginia Woolf y escribir a ratos este blog, sin contar que atiendo una que otra consulta virtual relacionada con mi clínica. Hubiese querido también experimentar con platos de cocina, pero no me siento con muchos ánimos que digamos. Mucha gente se está muriendo o está en los hospitales para yo banalizar con ello y me he propuesto más bien, hacer cosas que considero son creativas y de esta manera, hacer un homenaje a la vida.

Pero no deja de llamarme la atención, que mientras a mí casi me falta tiempo, las noticias den cuentan en cambio, de los artilugios que usa la gente para salir del confinamiento y del aburrimiento a tal punto que un perro, se ha convertido en una especie de oscuro objeto del deseo ya que, al estar autorizado pasear al animal para que haga sus necesidades, los que no lo tienen han hecho uso de perros embalsamados o de plástico y hasta de gallinas con tal de salir del encierro.

Risas aparte, sin embargo, no parece ser tan raro que a ciertas personas les afecte el encierro ya que, según algunos estudios de salud indican que éstos pueden provocar problemas psicológicos negativos como depresión, histeria y estrés. Pero también, otros estudiosos indican que las cuarentenas pueden ser grandes oportunidades para formularnos grandes preguntas y encontrar respuestas, es decir, para reflexionar sobre nosotros mismos. Por lo mismo, algunos ya vaticinan que después de esta cuarentena saldremos mejores personas. Espero que así sea aunque, parece que desde ya, lo estamos viendo en las explosiones de solidaridad que se han desatado estos días.

Si así llueve, que no escampe.

Por otro lado, por la forma cómo se ha propagado este virus, he llegado a la conclusión que es el virus de la riqueza ya que el virus ha viajado principalmente en aviones y por turismo. ¿Por qué no existen contagiados y muertos en Haití, por ejemplo, que casualmente es el país más pobre y miserable de América? Sencillo, porque nadie viaja hasta allí. Parece también que los ricos, se están llevando el triste mérito de haber sido el germen del contagio en algunos países, en concreto, como lo indica Infobae, el caso de Uruguay donde una representante de moda que se contagió en Italia y en España y que, a sabiendas que tenía el virus asistió a sendas fiestas contagiando a figuras importantes de su país y no solamente ello, sino que mantuvo a su empleada de hogar trabajando durante varios días en su mansión; o, como lo indica eldiario . es en Río de Janeiro, que se propagó porque una mujer, sin saberlo, limpiaba la casa de una contagiada. Sin irnos más lejos, las redes sociales en Ecuador daban cuenta de que el barrio más rico de Guayaquil, Sanborondón, fue el epicentro del masivo contagio en esta ciudad precisamente por las grandes fiestas de varios de sus residentes cuando ya se había decretado la cuarentena y que habían regresado contagiados desde España e Italia.

Bien lo dice Albert Camus en su ya, libro más leído en esta pandemia, La Peste, que en éstas tragedias es cuando se conoce el verdadero rostro de las personas.

Para terminar, algo que sí me llama la atención es que, a pesar que no me gusta hacerme eco de karmas o de castigos divinos, parece ser que los animales y los niños, éstos últimos no nacidos y nacidos, son inmunes a este virus, lo que, si de reflexionar se trata en estos días, lo hagamos en el sentido que debemos aprender a respetar a los más débiles.

domingo, 22 de marzo de 2020

MEMORIAS DE LA PANDEMIA. Parte 1. Del virus que ha trastocado nuestras vidas


                                         Foto: France24

Estamos en el día 10 del confinamiento impuesto por el gobierno que es, al mismo tiempo, un confinamiento voluntario y luego de los primeros días en que aproveché para organizar papeles y para ordenar un poco la casa que había estado descuidada, llegan momentos de inactividad en los que empiezo recién a reflexionar sobre esta pandemia.

Me invade una sensación de tristeza y de repente, afloran recuerdos, imágenes y momentos de cuando éramos felices y no lo sabíamos. Por ejemplo, un simple paseo en otoño por el parque de El Retiro, ver una película en V.O.S. o simplemente, tomarte un café en cualquier terraza de Madrid, momentos que no había valorado hasta que llegó esta pandemia.

Siempre había contemplado la posibilidad que viviéramos una guerra biológica, es más, desde la segunda guerra mundial había existido esa posibilidad, pero al menos yo, creía que previamente debía haber una declaración de guerra y que empezaría con el ataque de uno de los países implicados, pero jamás me hubiese imaginado que sería por las dos ya probables causas que se ventilan se pudo haber originado que son por comer animales exóticos o por un accidente en un laboratorio dedicado a crear un arma biológica.

Sea cual haya sido la causa, lo cierto es que la pandemia está aquí y al parecer, se resiste a desaparecer mientras el mundo observamos impávidos la locura humana por ponerse a buen recaudo recopilando rollos de papel higiénico, geles o jabones sin fin, pero también se han podido ver gestos de generosidad, aunque pocas, pero que felizmente, nunca faltan.

Reflexionaba también en el hecho que, resulta paradójico que en un mundo donde sentimientos como el odio, la insolidaridad, el egoísmo imperan y que los llamamientos de líderes espirituales y de personas de bien que han clamado por volver hacia el noble sentimiento del amor, sean precisamente los gestos amables como los besos, abrazos, el apretón de manos los que nos puedan llevar a la muerte ya que en la saliva o en otros fluidos corporales es donde se aloja el virus. Macabra paradoja como decía, que posiblemente provoque un cambio cultural donde estos gestos desaparezcan al menos, durante un buen tiempo y nos vuelva más fríos. Justamente la ausencia de estos gestos es lo que, al parecer, ha permitido que Alemania no tenga una tendencia alcista de muertes por coronavirus que, en el caso de Italia o España donde estos gestos abundan, sí lo tienen.

Por otro lado, anuncian ahora que en la 2 de TVE van a pasar 5 horas de programación diaria para actualizar a los niños en sus estudios y es inevitable no comparar a lo que sucede en Ecuador. A más del liderazgo malo o bueno del presidente de gobierno Pedro Sánchez - la historia lo dirá- parece que España es un país funciona solo. Ya lo demostró cuando no teníamos gobierno y prueba de ello, es que diversas instituciones privadas o públicas como en este caso, la televisión pública, tienen capacidad de improvisar o de crear aportando su grano de arena para hacer más llevadero el confinamiento, mientras que en Ecuador, sin liderazgo, con funcionarios no aptos para cada rama, todo es un caos, ahondando el sentimiento de indefensión y de terror en la pobre gente que ha optado más bien, por seguir sus propios protocolos que gracias al internet, se  va enterando y lo va aplicando ante la ausencia del estado en sus vidas.

Sin duda, las cosas van a cambiar. Nos volveremos más individualistas, más egoístas y el internet colaborará con ello tanto, que ya no será necesario el contacto cercano con los compañeros de trabajo, los amigos, las familias. Todo será a través de internet porque el confinamiento para detener el contagio, sirvió para demostrarnos que detrás de un ordenador, es posible vivir con cierta normalidad. Incluso saldrán nuevas aplicaciones, formas de negocio, de trabajo y de relaciones sociales a más de las ya conocidas.

Comentaba también con Félix que, de acuerdo a las estadísticas sobre esta enfermedad, el 80% de los fallecidos eran personas de más de 80 años y la realidad es, aunque nos duela reconocer, muchos fallecimientos se constituirán tal vez, en un alivio para sus familiares al ser muchos de esos ancianos, enfermos de Alzheimer o con enfermedades incurables. Recordaba entonces que fue Descartes quien dijo: “Pienso y luego existo”, es decir, si no estás consciente de quién eres entonces no existes y por lo mismo, debe ser doloroso para las familias ver como un ser querido se va convirtiendo en un vegetal que es mejor que descanse en paz. Un debate aún no resuelto por la Iglesia católica y por la sociedad. Más triste es, personas que todavía tenían mucho que aportar como el caso del Marqués de Griñón, que disfrutaba con sus viñedos, de su emprendimiento, se había casado hace pocos años y ahora, muerto por el coronavirus. No deja de impresionar aquello y por lo mismo, me hace reflexionar sobre la fragilidad del ser humano.

Por último, para matar un poco el aburrimiento y mientras la guardia civil se encuentra aparcada a la vuelta de la casa vigilando quien rompe el cerco de la cuarentena, decido escuchar un poco de música pop de los 80 y lo primero que pillo es una canción de Reo Speedwagon llamada Keep on loving you que me retrotrae a recuerdos de mi época de colegio cuando íbamos a Chimbo y se armaban pequeñas fiestas los fines de semana o las tradicionales humoradas en Quito. Es inevitable no recordar a aquellos que se fueron y aquellos momentos de felicidad que será por la pandemia, que uno siente añoranza de aquellos días, deseando no hubiesen terminado nunca y no haber madurado nunca.

Pero lo cierto es que estamos como estamos y toca mirar hacia el futuro con optimismo, pero sin duda, estos días de cuarentena no lo olvidaremos nunca y será parte de la historia de la humanidad del que muchos harán referencia como una época difícil y con ¿miles? de muertos.

miércoles, 18 de marzo de 2020

LOS TRAMPANTOJOS DE NAVALCARNERO


Es alucinante cómo la gente, cuando ama el lugar donde vive intenta hacerlo más agradable, más vivible. Y nada mejor que hacerlo con arte, haciendo también que la misma, llegue a todos sin distinción de clases ni de edad.


Cuando llegué a Madrid hace unos 20 años, aún se podían observar los carteles por encima de los cines especialmente de la Gran Vía anunciando las películas que se exhibían que, al igual que en Ecuador, generaba trabajo para estas personas que pintaban dichos carteles. A mí me gustaba comparar y ver hasta qué punto eran capaces esos pintores de dibujar a los protagonistas de las películas que muchas de las veces, se asemejaban y pocas, solamente era un esbozo de lo que se quería promocionar.

Pero, al poco tiempo, fueron desapareciendo hasta ya no quedar ni rastro de ellos y ahora, han sido sustituidos primeramente por las impresiones digitales y finalmente, por unas pantallas digitales enormes que muestran imágenes en movimiento y que le dan un aspecto cosmopolita, modernista y lleno de color a las plazas o calles donde están ubicados estos cines que por cierto, cada vez son menos y que los más representativos de Madrid al menos, han sido sustituidos por grandes marcas de moda o de venta de libros.

Menos mal que algunos de estos pintores se han reinventado y al menos uno, ha ganado cierto prestigio por haber pintado hermosos trampantojos en la ciudad de Navalcarnero, una bella ciudad situada a pocos kilómetros de Madrid, que no ha perdido su aire de pueblo antiguo a través de sus casitas con tejados castellanos que han sido reformadas y que, junto a sus espacios públicos, hacen que uno se transporte a siglos pasados con las comodidades del siglo XXI.

TRAMPANTOJOS no son sino, imágenes que parecen reales, una especie de “trampas” ópticas que pueden dar incluso una sensación de 3D. Los trampantojos no son ajenos al arte español ya que, desde siglos pasados, las iglesias, catedrales y residencias de gente adinerada, los implementaban con asiduidad y la catedral de Toledo es un ejemplo de ello, con unas cúpulas que contienen trampantojos que simulan la subida hacia un cielo infinito por parte de santos, amorcillos o ángeles.

El artista español Alberto Pirrongelli nacido en Badajoz, es el representante máximo de esta tendencia y ha hecho de Navalcarnero y de Madrid, su lienzo natural donde, en forma de mural, plasma preciosas imágenes de la vida cotidiana de sus habitantes.

A continuación, sus más famosos murales y donde no es necesario describirlas ya que ellas hablan por sí mismas.

                                          Palacio de la Música (antes)