lunes, 15 de junio de 2015

COMIDA GUAPA, COMIDA FEA


 Foto: Plátano ecuatoriano

Foto: Campaña francesa a favor de la comida fea


No quise escribir esta opinión hasta ver como desembocaba la tremenda protesta desatada en Ecuador a causa de la nueva ley de las salvaguardias decretadas por parte del Gobierno ecuatoriano, como una medida para paliar en algo la bajada del precio del petróleo y que luego de saber que aquello fue una medida acertada, me he decidido a hacerlo.

Como antecedente comentaré que cuando llegué a Europa por primera vez, - de hecho estuve en Italia durante 21 días primeramente para luego pasar definitivamente a España,- me llamó la atención observar la opulencia del continente rico reflejado en la variedad de productos de consumo alimentario y en la estética de las mismas, particularmente de las frutas, hortalizas y verduras.

Los quesos por ejemplo lo eran de varios tipos: curado, fresco, para untar, de búfala, de vaca, de oveja, de cabra, enteros, en porciones, etc, lo mismo las mermeladas: sin azúcar, con azúcar, en pasta, en frasco. Las verduras, hortalizas y frutas, grandes y brillantes, de la más grande variedad y muchos de ellos, importados de otros países del mundo, lo que visitar un mercado por ejemplo, se convierte en un agradable estímulo a los sentidos por la belleza y colorido de sus productos. Muchas de las veces he tenido discusiones con mi marido porque “busca” el mejor sitio para comprarlas y yo le digo que para qué, puesto que las normativas de producción y distribución son las mismas en todo el país, de tal manera que cualquier sitio de expedición y comercialización, guarda las mínimas garantías de calidad.

Sin embargo, debo confesar que me llevé una decepción cuando en un documental de televisión, se mostraba cómo en España se seleccionaban las patatas o papas antes de ser distribuidos. En un recipiente ponían las que no tenían ningún defecto, es decir las que eran redondas, lustrosas y hermosas, y en el otro recipiente, las que tenían algún defecto, como una depresión o una deformidad. 

Estas patatas defectuosas son las que ejemplifican lo que últimamente se conoce como la “comida fea”, que en algunos países se está empezando a tomar conciencia de la ridiculez de estos parámetros de calidad que se basan en el sólo aspecto del alimento, puesto que muchos de ellos que se desperdician por esta causa -1.300 millones de toneladas al año, en un mundo donde una de cada nueve personas al día sufre hambre - bien podrían cumplir su finalidad es decir, servir de alimentación. La causa de ello al parecer, es la estricta legislación europea que determina los parámetros de calidad, clasificando los alimentos en “extras”, de “primera calidad”, de “segunda”, en función de su tamaño, de su color o textura, que al final, no alteran su sabor final.

Conozco que el destino final de estos alimentos "feos", es aprovecharlos en forma de papillas o de mermeladas o compotas en el caso de las frutas, y las que peor están, de alimento para los animales.

Sin embargo, cuando llego a Ecuador sucede lo contrario, puesto que puedo encontrar estos alimentos "feos" en los supermercados más conocidos, es decir las hortalizas o frutas de tamaño pequeño, unas tan maduras que están a punto de podrirse, papas con hendiduras llenas de tierra y maleza, las carnes con bordes negros, e inclusive en otros productos como lejías que no blanquean, desengrasantes que no quitan la grasa, plásticos para proteger alimentos que se deshacen en los dedos y de menos metros que los que aquí venden, pastas o productos líquidos en recipientes en formas de bolsas con tapas mutadas de las antiguas botellas de vidrio seguramente para abaratar costos, pero que siguen costando lo mismo o incluso más. En fin.

Hago números y no entiendo porque un campesino que vende en las calles por ejemplo, venda 6 choclos por un dólar y en el supermercado dos choclos por un dólar. Y de la misma calidad. Pero mi sorpresa es aún más, al conocer que a propósito del tema de las salvaguardias, muchos alegaban que les costaría más caro importar las cebollas por ejemplo, lo cual se me hizo bastante difícil creer que se importaban estos alimentos por parte de estos supermercados, porque como dije al principio, estos alimentos no cumplirían las exigentes normas de calidad y presentación que se dan en Europa por ejemplo, porque incluso el plátano ecuatoriano, nuestro producto estrella, es de una presentación exquisita que nada tiene que ver con los que se venden en Ecuador.

A la conclusión que llegué entonces, es que estos alimentos no han sido importados jamás y si se lo ha hecho por ejemplo, serían de Colombia o de Perú, aunque deben haber sido de la mínima calidad. De hecho, la supuesta “transición” de venta de los productos “importados” a los nacionales se ha dado mayormente sin ningún problema, prueba de ello es que los consumidores no se han quejado, a excepción de los distribuidores que inicialmente argumentaban que los productores nacionales tienen poca capacitación tecnológica, de capital o de logística, para garantizar productos de “calidad”.

Como corolario de todo este asunto, me gustaría llevar a la reflexión en el sentido que si los supermercados ecuatorianos son emprendimientos privados que dan trabajo, no es menos cierto que al ser monopolios, sus ganancias son bastante considerables y que aquello no debería ir en detrimento de la calidad del producto que se ofrece. Se ha comprobado que la competencia fomenta la calidad de la cual salen ganando no solamente los consumidores, sino ellos mismos, lo que sería entonces una cuestión de ética el ofrecer buenos productos al consumidor, que paga muy bien por ello aunque no necesariamente para una comida excesivamente “guapa”.

Espero que algún día en Ecuador la calidad no sea como lo es ahora es decir, una excepción, sino que sea la norma, aunque con todo lo que se ha visto, en un principio los cambios provocan gran resistencia en aquellos que se han acostumbrado a ganar sin ceder nada a cambio, aunque afortunadamente la población ya tiene oportunidad de exigir más porque se informa mejor a través de la tecnología digital.

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