viernes, 27 de mayo de 2011

EL MIRÓ APUÑALADO

Foto: "SOL" de Miró
Foto: Camilo José Cela. nicometropolis.es.tl

Existen episodios curiosos dentro del arte español que me parecen dignos de ser contados y compartidos. Tal es el caso de esta historia cuyo protagonista principal es un cuadro, alrededor del cual se involucran personalidades importantes como son, el Nobel de Literatura Camilo José Cela que como se sabe, es el autor de “La familia de Pascual Duarte” y “La Colmena”; por otro lado su hijo Camilo Cela Conde y por último Joan Miró, destacado pintor catalán cuya obra representativa y conocida a nivel mundial es el logotipo de España para el Mundial de Fútbol de 1982, que representa a la misma como un sol con sus colores típicos rojo, amarillo y negro. Sobra decir que sus obras son reconocidas y cotizadas en millones de euros y un par de ellas embellecen las paredes del despacho minimalista y sobrio del Gobierno Español, en el palacio de La Moncloa.

Pues bien, Camilo José Cela había recibido como regalo un Miró de parte de un amigo y al ser invitado el propio Joan Miró a su casa de Baleares, el Nobel emocionado le comentó que poseía un cuadro suyo. El pintor, al observar dicho cuadro le dijo apenado que lo sentía mucho, ya que el cuadro no había sido pintado por él. Era falso.

Cela, preso de una furia incontenible al sentirse engañado, tomó el primer cuchillo que encontró a su paso y rajó el lienzo de lado a lado, ante el estupor de las personas que allí se encontraban, entre ellas su primera esposa Rosario Conde, quien rescató el lienzo y lo zurció con hilo y aguja. Miró le pidió que lo entregara y pasadas algunas semanas lo devolvió, pero está vez pintado sobre el remiendo y autografiado por detrás, al mismo tiempo que decía a Cela, “ahora sí es un Miró auténtico”

Al divorciarse Cela y Rosario después de 45 años de matrimonio, para casarse el escritor con la locutora Marina Castaño - bastante mas joven que él- entregaron el lienzo como donación conjunta a su único hijo, Camilo José.

Pero sorpresivamente y después de cuatro años de haber donado el cuadro a su hijo, el escritor lo reclama para incluirlo en su Fundación en Iría de Flavia – Galicia, su lugar natal. Primero lo hace verbalmente y luego judicialmente, aduciendo ingratitud por parte de su hijo al haber hecho unas declaraciones a la prensa, en donde manifestaba su inconformidad por la actitud de su padre para con su madre, a quien no le reconocía para nada el mérito de su éxito literario, ya que durante su matrimonio, ella era prácticamente la que mecanografiaba todos sus escritos hasta altas horas de la noche y se encargaba del hogar, mientras él desfogaba toda su creatividad con tranquilidad. Los tribunales no le dieron la razón y con el tiempo, el escritor acabó por retirar la demanda.

Pero la historia de este cuadro no termina allí, porque parece que debido a las anteriores circunstancias, Camilo José Cela elabora once años atrás un testamento donde al morir, su segunda esposa sería nombraba heredera universal de todas sus pertenencias y su hijo sólo heredaría el ya famoso cuadro del Miró apuñalado, dando a entender de esta manera, que le entregaba la parte legítima de la herencia que le correspondía.

Efectivamente cuando murió el escritor y se leyó el testamento, Camilo José Cela Conde declaró no sentirse sorprendido por el contenido del mismo, ya que conocía como era su padre y confesó odiar aquel lienzo, ya que le traía malos recuerdos de hechos dolorosos que sucedieron durante el divorcio de sus padres. Además consideró que no se le había reconocido sus derechos como heredero al recibir solamente ese cuadro, por lo que comunicó que iba a reclamar judicialmente los derechos no sólo por él, sino por la única nieta del Nobel, su hija Camila. Esto lo hacía porque curiosamente al momento de morir, el escritor se encontraba literalmente en la pobreza, ya que no tenía bienes ni era dueño de los derechos de sus libros, debido a una serie de maniobras financieras y mercantiles que permitieron el traspaso de todo a sociedades gestoras, perjudicando de esta manera a su hijo.

Aún así, el cuadro ya no lo tenía en su poder desde hace mucho tiempo, puesto que después de recibirlo de sus padres, lo había vendido no sin antes haber fracasado en varias intentonas, entre ellas a la Fundación Pilar y Joan Miró y al Gobierno de Baleares, que le ofrecieron un precio muy inferior al que solicitaba. Ante esta situación, Cela Conde entregó el cuadro dando un poder especial al galerista Jordi Vilafranca, para que intentara venderlo, lográndolo a travéz de una sala de subastas en la ciudad italiana de Prato en noviembre de 1996, por la cantidad de 190.000 euros Pero llegado el momento, el galerista sólo le abonó unos 24.000 euros, enzarzándose ambos como consecuencia de ello, en un proceso judicial.

Como corolario de esta curiosa historia, el cuadro se encuentra en algún lugar de Italia; la viuda Marina Castaño, ha sido destituida de la presidencia de la Fundación Camilo José Cela, haciéndose cargo de la misma la Xunta de Galicia, para evitar su inminente quiebra y en 2010 el Juez de primera instancia ha emitido un fallo a favor del hijo de Cela, determinando que efectivamente el escritor había perjudicado a su descendiente y que por lo mismo el cuadro no suplía lo que le correspondía (actualmente el cuadro está cotizado en 877.977 euros), por lo que debía ser compensado con 5,2 millones de euros, debiendo ser aportados por parte de la Fundación 1,8 millones y el resto por la viuda y las sociedades que formaron.

Por todo ello, me resulta increíble constatar cómo un Miró falso terminó siendo El Miró Apuñalado, involuntario testigo de los temperamentos y tormentos de ciertos seres humanos, aunque famosos pero seres humanos al fin.
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