lunes, 16 de junio de 2014

CUANTO VALE UNA VIDA?


Foto: Familia

En estos últimos días, he visto noticias que me han inquietado sobremanera y me han provocado una honda tristeza y preocupación.

La primera la protagoniza un famoso deportista, famoso por meter goles dentro de un arco, quien dijo que “le parecía normal que un trabajador haya muerto en las obras del mundial” y que era “nada que asuste” y que al contrario,” le preocupaba más los retrasos de las obras”. La segunda noticia, se trata en cambio de un editorial de un medio ecuatoriano que si bien al principio no se le entendía, ya que parecía que iba a hacer una reflexión acerca de la muerte injusta de un grafitero, al final se lamenta de lo sucias que están las paredes de Quito, llenos de grafitis y que eso le provocaba mucha molestia. Por último, la difusión de un vídeo filtrado desde la policía de Ecuador, donde se ve que un policía mata fríamente a un taxista solamente para robarle unos cuantos dólares. 

Por lo mismo, recordaba que en la preciosa película “Vencedores o vencidos”, luego del famoso juicio de Nuremberg en la segunda guerra mundial, el incorruptible juez norteamericano magistralmente interpretado por Spencer Tracy, le pregunta en su celda al ya condenado médico alemán, también magistralmente interpretado por Burt Lancaster, cuál fue la razón por la que mató a inocentes para sus experimentos, a lo que el médico le contesta más o menos así, que “apenas fueron unas decenas de personas”.

El juez abrumado por semejante respuesta, le contesta: “ Doctor, le aseguro que cuando usted mató al primer hombre, ya asesinó a toda la humanidad.” Dicho esto, se retira del lugar, dejándole al médico sin palabras que refutar.

Esta última frase me hizo reflexionar en el poco valor que tiene una vida humana en nuestros países sudamericanos, a tal punto que parece más importante un mundial de fútbol, una ciudad limpia o unos dólares que una persona. Es impresionante ver en el vídeo, el pobre taxista, seguramente un padre de familia que trata de llevar honradamente el dinero a sus hijos o a sus nietos ya que se le ve de una edad madura, trabaja relajadamente y confiado, sin imaginarse que alguien iba a acabar esa noche con su vida. Me preguntaba por qué mejor el asesino no le amedrentó sin necesidad de llegar tan lejos, porque estoy segura que él le hubiese dado todo lo que tenía, con tal de salvar su vida de manos de alguien que se cree dueño de la suya, solamente por tener un arma mortal en sus manos. 

Para estas y otras preguntas, intento encontrar respuestas, ya que es sumamente triste también, ver a una sociedad donde el odio, la envidia, la intolerancia, el racismo, las opiniones viscerales, predominan las relaciones sociales, que me llevan a concluir que posiblemente la solución está en inculcar valores desde tiernas edades. En este mismo blog, anteriormente había manifestado en la necesidad de formar ciudadanos, inculcando valores como el debate de ideas, el saber vivir en comunidad, la tolerancia al diferente, bases sin duda, del respeto a la vida humana. Insisto en lo mismo.

Estos valores como sería lo ideal, deberían partir desde la propia familia, pero la realidad social y económica de nuestros países es ajena a esa imagen que se trata de proyectar y hacia quienes van dirigidos los mensajes, porque suelen ser familias de ensueño, con un padre y una madre felices con sus hijos, rodeados de un entorno ideal con una preciosa casa y con el perro correteando feliz junto a ellos. Ellos son una minoría desgraciadamente, ya que nuestras sociedades están formadas mayormente por familias donde faltan referentes morales, de bajos recursos económicos, o donde muchos niños y jóvenes se crían en la calles, incubando dentro de sí su odio hacia la sociedad que los rodea y hacia lo que no pueden obtener, dando como resultado individuos que luego descargan en los demás sus fracasos, muchas de las veces, matando.

Si no existen estos referentes, entonces sería el Estado y los que guían la opinión pública quienes trasmitan dichos valores, partiendo del trato en igualdad, en el respeto de sus orígenes y sus realidades, mediante leyes el primero y opiniones, reportajes, análisis los segundos, que fomenten los valores anteriormente mencionados. 

Mientras tanto como sociedad, no debemos permanecer indiferentes a los que nos rodea porque mientras una persona muera, un pedacito de nosotros, la humanidad, también morirá.

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