sábado, 11 de abril de 2015

DE COMO LA TECNOLOGÍA DIGITAL PUEDE HACER SUBIR EL PIB DE UN PAIS

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Está comprobado que en nuestros países que siguen en vías de desarrollo, la mayor parte de los recursos económicos y de tiempo de un ciudadano, se desperdician en engorrosos trámites burocráticos, fácilmente evitables con recursos como tecnología informática, que son de fácil manejo y acceso.

Para entender mejor lo que quiero decir, a continuación voy a poner un ejemplo de lo que me sucedió en Ecuador en los meses en que estuve de vacaciones, aunque debo recalcar que la atención al ciudadano en las instituciones públicas ha mejorado sustancialmente lo que no sucede con las privadas. Para ello, me referiré en un próximo comentario de este blog.

Sucede que necesitaba inscribir mi título profesional en el Senescyt y para ello –como suelo hacerlo para situaciones parecidas- consulto primero los pasos a seguir por internet.

No había información así es que decidí llamar a unos teléfonos que constaban en la página web y tampoco me contestó nadie, de tal manera que me tocó acercarme personalmente a las oficinas a consultar qué debía hacer. Fui en taxi y luego de esperar mi turno durante una hora, me indican que debo dirigirme a la facultad y universidad donde realicé mis estudios y que allí me dirán qué hacer. Tomo nuevamente un taxi y menos mal que llego antes de la 1 de la tarde. Allí me atiende una secretaria un poco somnolienta y me indica que debo rellenar una solicitud dirigida a la facultad en “papel universitario”, cuyo modelo de redacción se encuentra en una hoja pegada en el vidrio de la ventanilla de la secretaría. Además me indica que debo presentar dos “derechos universitarios” e indicar el tema y la fecha de la tesis de grado. Le comento que en mi época no había tesis y le pregunto si tal vez sería el caso clínico que hice en quinto año pero que no recordaba nada de aquello. La secretaria insegura le pregunta a su compañera que se encuentra junto a ella si sería necesario que consiga esos datos y ella le contesta con “sí” a secas, repitiendo ella dicha respuesta. Desolada le indico si no tiene uno esferográfico o bolígrafo para copiar la redacción de la solicitud ya que al revisar mi bolso descubro que no lo tengo y ésta, afortunadamente me lo da. Luego busco un papel que tampoco lo encuentro y encuentro un recibo de compra donde con mucha dificultad, anoto el modelo de redacción. Me despedí no sin antes preguntarle dónde puedo conseguir el papel universitario y los derechos y me indica que en la secretaría de la facultad aunque según conoce, en ese momento no los podría encontrar porque “no hay”. Así es que decido acercarme  a la facultad de Administración de Empresas aunque me fue peor, ya que en dicho lugar nadie daba razón de la secretaria ni había a quién más preguntar. Sin saber qué hacer y dirigiendo mi vista hacia el norte de la ciudad intento encontrar una solución. Alcanzo a divisar la facultad de Jurisprudencia y en cuestión de segundos tomo la decisión ir hacia ella bajo un sol de justicia típico del mediodía en Quito. Llego y menos mal que me venden dichos documentos por los que pagué 11 dólares, 5 por cada derecho y 1 por el papel universitario.

Por ese día había terminado y decido tomar un taxi para ir a un restaurante a comer.

Al día siguiente entrego los documentos requeridos y me piden datos adicionales como teléfono y dirección. Pregunto que para qué y me contestan: “para localizarme por si surge algún problema”. ¡Qué bueno!, me digo en mis adentro y los doy y aunque luego no me dan ningún acuse de recibo de los documentos entregados que nos sirva de respaldo tanto a ellas como a mí, salgo de allí tratando de alejar pensamiento negativos como ¿qué sucedería con mis documentos en caso de incendio?, porque incluso había entregado mi título original… O si alguien los extravía, ¿quién me creerá que los dejé en la facultad?. En fin, que pese a todo, intento creer que he avanzado en algo y ser lo más optimista posible.

Casualmente se acercaban las fiestas de navidad y sabiendo que en la universidad se toman vacaciones hasta después de año nuevo, decido ir después de ellas, incluso después de Reyes, pese a que la secretaria me había indicado que me tendrían seguro el documento para el día 22 de diciembre. Quise darles un margen de días conociendo la mentalidad  y la forma de trabajar que tienen en mi país, Ecuador. En efecto, regreso el día 8 de enero, para lo cual nuevamente cojo taxi y al llegar, la secretaria me comunica que no tiene aún el documento, pero que en la tarde, “seguro”. Aun así, decido volver el lunes 12 y la secretaria ésta vez, me dice que no han podido hacer el trámite porque he sacado mal la fotocopia de mi título, ya que ahora sólo necesitan la cara de delante, no la de detrás para poner allí los datos. Cojo dicha copia y saco una nueva fuera de la facultad –a color, requisito indispensable- pero solamente de la cara principal del título y con ella, vuelvo y la entrego en la secretaria. Nuevamente me indica que para esa tarde lo tendrán y sin embargo, decido regresar el día 15 (por el dichoso margen).

El día 15 nuevamente me indica la secretaria que tampoco tiene el documento firmado porque “la secretaria de la facultad tuvo una reunión y que luego de ella, se fue”. Así de simple. Molesta ahora sí, le digo que todo me parece una burla y una falta de respeto al ciudadano y le exijo me lo entreguen lo más rápido posible ya que apremiaba mi tiempo, al tener que regresar en pocos días a Europa. En efecto parece que el reclamo surte efecto, porque me llama la secretaria esa misma tarde y me dice que ya lo tienen.

Voy inmediatamente a la mañana siguiente, no vaya a ser que suceda alguna desgracia que me impida tener el documento y menos mal que ahora sí, me lo entrega. El momento que lo hace le pregunto que si con ello, ya publicarán mi título en la web del Senescyt y ésta me indica que no, que ahora tengo que ir a la secretaria de la Universidad que está junto a la antigua Residencia de Estudiantes y que allí me dirán lo que tengo que hacer. Hasta entonces habían transcurrido más de tres semanas desde que acudo por primera vez a la facultad y me quedo sin palabras ante tal respuesta y por inercia me despido y tomo un taxi, ya que aquella oficina queda en la parte más alta de la Universidad Central llegando felizmente, antes de las 2 de la tarde. Sin embargo, luego de 45 minutos de espera sale un hombre a la ventanilla y me indica de muy mala gana, los requisitos que debo reunir y que son nuevamente, una solicitud dirigida no sé quién en “papel universitario”, un “derecho universitario” y el famoso documento que me dieron en la facultad.


Otra vez emprendo el periplo buscando donde comprar el papel y el derecho, bajo el sol abrasador de siempre, pasando primeramente por la facultad de Veterinaria, luego la de Farmacia, lugares donde no vendían dichos documentos. Decido buscar nuevamente la facultad de Jurisprudencia con la certeza que allí sí los encontraría. En efecto, luego de media hora de bajada a pie, llego y compro con una felicidad que me sale del pecho, dichos documentos. Al encontrarme sumamente cansada y en horas de  comida, decido regresar a casa para en la tarde tranquilamente. redactar la solicitud bajo el modelo también mostrado en la ventanilla de dicha secretaría y así, entregarlo al día siguiente.

Voy a la mañana siguiente y en la secretaría de la Universidad esperando que salga el sujeto del día anterior para entregarle los papeles, una pareja que se daba besos y se mandaban mano junto a la ventanilla, luego de 30 minutos y seguramente apenados viendo que esperaba inútilmente algo, me preguntan que qué busco y al escucharme que quería entregar los documentos, me indican que debo acercarme a la secretaria que se encuentra dentro de una oficina a dos pasos a la izquierda de donde estaba sentada. En efecto, una mujer madura recoge mis documentos y me dice que a más tardar en 48 horas será publicado mi título en la web del Senescyt.

Milagrosamente así fue. En 48 horas fue publicado mi título en dicha web.

Me pregunto, ¿todo este trámite no se podía haber resumido en pocas palabras en la página web del Senescyt, del Ministerio de Educación o en el de la de la Universidad Central?. Porque dicho trámite que me tomó un mes, lo podría haber hecho en cuatro días, a lo mucho en una semana, ahorrándome dinero y tantas horas perdidas acudiendo a dichas instituciones, porque al menos aquí en España, las páginas web institucionales sirven para ello, incluso dichos trámites se pueden realizar a través de ellas, con o sin firma electrónica. Cuántas personas pierden dinero porque tienen que abandonar sus lugares de trabajo, tanto autónomos como dependientes, muchas de las veces incomprendidos por sus jefes o sus clientes, donde a más de perder dinero él mismo, los hacen perder a personas relacionadas con sus trabajos.

Tan simple que es dar información en una hoja fotocopiada, incluso en papeles de 8 cms. por 8 como me lo dieron en algún lugar, con una letra chiquitita, pero bueno al fin, información. O con en mi caso particular, ¿qué costaba gastarse 0,001 ctvs. por hacer una fotocopia sólo de una cara de mi título sin tener que perder varios días solamente por ese “error” aparentemente mio?. Sin duda, la atención me recordaba a los años 70 del siglo pasado.

En algún lugar leía que esa pérdida de tiempo y dinero representa un importante porcentaje del PIB de un país que se podría precisamente traducir en ganancias para todos, porque ahora la informática no solamente es para el Whatsapp, Twitter o el Facebook que tantísimos adeptos tiene en Ecuador, sino también para agilitar procedimientos, dar información, intercambiarse datos entre las instituciones…

A continuación y en vista que me he excedido el día de hoy, voy a dar un pequeño resumen de cómo en España, la tecnología digital incluso sirve para mejorar la atención de salud de la población a través de la “Telemedicina” que no es sino, teleconsultas de los pacientes a los especialistas de medicina a través de un ordenador o computadora.

Este sistema ha tenido particular éxito en Extremadura, donde existe alta población envejecida, dificultad de traslado en las zonas rurales y dispersión geográfica y no intenta sustituir la asistencia tradicional, simplemente mejorar la calidad de vida de los pacientes que no necesitarían trasladarse al hospital para pruebas donde no se necesita su presencia física.

Se ha aplicado en varios centros de salud, centros penitenciarios e incluso hospitales. Este sistema evita que tanto médicos como pacientes se tengan que desplazar cientos de kilómetros, para dar y recibir tratamiento médico. Es aplicable para pacientes que no requieren exploración física y a través de una entrevista y exámenes complementarios como pruebas de laboratorio o radiografías se emite un diagnóstico, el consiguiente tratamiento y el seguimiento en una patología ya instaurada. La información de los exámenes complementarios se encuentra ya incorporada a su historial clínico digital y por este sistema se atienden hasta 24 especialidades con garantías de calidad y seguridad.

Entre los últimos avances de este sistema está la detección precoz de la retinopatía y la implantación del sistema de Teleictus que es un sistema de vídeo-conferencia audiovisual, mediante el cual el neurólogo valora a distancia a pacientes con sospecha de ictus.

Como se puede observar, este es un ejemplo digno de como la tecnología digital mejora la vida de los ciudadanos y economiza recursos de todo tipo tanto al Estado como al ciudadano.


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