viernes, 1 de febrero de 2019

EL CLIENTE SIEMPRE TIENE LA RAZÓN


                                                             Foto: todomkglog.com

Buscando información sobre alguna ley que defienda los derechos de consumidores y usuarios en Ecuador me encuentro que existe una, aunque parece ser que no se lo aplica puesto que es frecuente escuchar quejas de malos tratos al ciudadano, tanto por parte de empresas públicas como de privadas.

En mi caso personal, pese a vivir fuera de Ecuador, he requerido algunos servicios para trámites personales y es decepcionante que ni siquiera un simple correo electrónico, sea contestado pese a contener atractivas y elegantes páginas web que no se corresponden con el trato recibido, teniendo que recurrir entonces, a familiares para que lo hagan con el correspondiente gasto económico, emocional y físico adicional que ello requiere.

Todo lo anterior, aunque no se lo crea, representa grandes cantidades de dinero en pérdidas para el país ya que se pierden también potenciales consumidores lo que, tal actitud me lleva al convencimiento que dichas empresas gozan de una situación tan privilegiada que no les importa perder un cliente puesto que, den el trato que den, en el caso de las instituciones públicas, sus funcionarios siempre tendrán su trabajo asegurado y en el caso de las empresas privadas, como se sabe, lo paga el pobre trabajador asalariado ya que éste, solamente recibe instrucciones que debe cumplirlos para no perder su trabajo dando la cara al cliente y recibiendo por tal razón, todas las quejas y reclamos que no se merece.

Hoy por hoy, se sabe que en el mundo moderno las empresas están en la obligación de ser más competitivas ya que, la tecnología digital, avanza a pasos agigantados de tal manera que aparecen plataformas digitales donde se le da al cliente la posibilidad de ser más interactivo, valorando o emitiendo quejas por los servicios mal recibidos. Se ha dado el caso que el trabajador pide que se le valore positivamente porque de ello, depende su futuro en la empresa. Por mi parte, siempre le doy un visto bueno y si me piden opinión, valoro el servicio de la empresa en conjunto y es gratificante comprobar que muchas de las veces, las opiniones son tomadas en cuenta mientras el trabajador mantiene su trabajo.

Indudablemente, todos estos avances están sirviendo para que el cliente sea más exigente y esté más informado ya que, al menos en los países más avanzados, exigen que los productos, por ejemplo, no provengan de explotación infantil o que no contengan productos transgénicos o genéticamente modificados. También, poco a poco dejan de ser consideradas solidarias, las compras de pequeños micro empresarios que producen productos agrícolas orgánicos convirtiéndose en habitual comprar lo que les conste que proviene directamente de la huerta al consumidor, redundando en un justo precio para el productor.

En Ecuador, grupos de ciudadanos pese a la desinformación y desconocimiento de sus derechos, utilizan algunas plataformas con el caso del Facebook con la página llamada TE AVISO PARA QUE NO LOS COMPRES Y DENUNCIES A LOS ESTAFADORES donde la gente, además de desahogarse y quejarse, se informa de sus derechos y de las pautas que debe seguir para obtener un resarcimiento por su mal trato o producto recibido, aunque falta aún mucho por hacer.

Sé, en un principio, que las quejas las recibe la Defensoría del Pueblo, aunque sería ideal que se cree una institución expresamente para ello como en España existen las Oficinas de Atención al Consumidor que están distribuidas a lo largo de las ciudades y que son dependientes de la Dirección General de Comercio y Consumo, además de Oficinas de Información al Consumidor y de Asociaciones de Consumidores constituidas por ciudadanos que buscan hacer valer sus derechos.
Todos ellos, en conjunto, luchan y trabajan para una mejor atención de los servicios lo que se transforma también en una buena calidad de vida.

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