Foto: Facebook
"A un pueblo no se le
convence sino de aquello de lo que quiere convencerse" (Miguel de Unamuno, Ensayos).
Recientemente se produjo en Ecuador, el llamado “levantamiento
indígena”, para protestar contra de las medidas económicas dictadas por el
gobierno de Moreno y mucha gente, manifestó su sorpresa debido a su alto número de
participantes (varias decenas de miles), así como por su empuje y determinación demostrados
para hacer escuchar sus reivindicaciones.
Lo cierto es que, independientemente de dónde provenga la
infiltración que, dicho sea de paso, dejó un lamentable saldo de 11 muertos,
varios heridos, muchos de ellos por haber perdido un ojo o ambos, al parecer, por
causa de las bombas lacrimógenas y varios millones de dólares en pérdidas materiales, la marcha no ha dejado indiferente a nadie sobre todo a
nivel internacional, en las que no han faltado análisis y reportes de medios
prestigiosos así como manifestaciones de apoyo provenientes mayormente de otros
países latinoamericanos.
Los millares de autodenominados indígenas, es decir, un 7% de la población, protestaron contra unas medidas que les afectaba directamente ya que, al vivir mayormente de la agricultura y ganadería, la subida de los precios de los combustibles mermaría sensiblemente sus ya maltrechas economías; y lo hacían, frente a la mirada impasible del resto de la población que se considera mestiza o blanca, pese a que estudios realizados por la Universidad Tecnológica Equinoccial ha demostrado que más del 60% de ecuatorianos tiene genes o un perfil de tipo indígena.
Pese a ello, revisando la historia, se puede comprobar que
las protestas nunca fueron del todo pacíficas ya que, en los medios de la
época, pese a existir poca documentación archivada, daban cuenta de cierre de
carreteras, árboles talados, decenas de heridos y muchos fallecidos a su haber,
de tal manera que su beligerancia no es nueva que, aunque censurable, refleja
de alguna manera el malestar por los siglos de abandono por parte de las
autoridades y de la sociedad en general, para con este grupo étnico.
Y ya puestos en el tema, no me extrañaría que este último
levantamiento haya sido más virulento que en épocas anteriores puesto que,
según datos recopilados y pese a que la pobreza ha aumentado de manera
generalizada en todo el país, los indígenas son los que más lo sufren, ya que más
del 70% vive bajo el umbral de la pobreza y de éstos, un 18% en extrema
pobreza. Solamente el 3% tiene título universitario y su asistencia a las
universidades, apenas sobrepasa el 26%. Además, dentro de las estadísticas de
suicidios adolescentes que ni siquiera son noticia en los medios de
comunicación, el porcentaje más alto se lleva este colectivo y con mayor
predominancia en provincias con alta población indígena como lo son Cotopaxi o las
provincias australes, siendo estas últimas donde existe un alta tasa de
inmigración hacia el exterior. Por otro lado, es un colectivo dedicado
mayormente a las labores agrícolas y ganaderas sin recibir prácticamente
ninguna ayuda económica peor técnica por parte del estado ni de la empresa
privada, por lo que suelen aplicar técnicas de hace miles de años y donde,
desde sus pequeñas tierras o “llactas” prácticamente sobreviven con lo que
ellos mismos producen ya que los precios pagados por sus productos, luego de ser
regateados insistentemente en los mercados, calles y aceras de las grandes
ciudades, son irrisorios y que, contradictoriamente, sustentan con sus productos
a todo el país.
Debido a este levantamiento me ha venido a la mente que hace
algún tiempo, había visto un documental sobre la zona extremeña de Las Hurdes
en España donde, a principios de siglo XX, el rey Alfonso XIII los visitó para
comprobar de primera mano las pésimas noticias sobre la situación económica,
social y sanitaria de esta zona y, en las imágenes grabadas se observa a la
población con un alto grado de desnutrición e insalubridad reflejadas en
cretinismo, enanismo y paludismo. Estas imágenes desgarradoras, me recordaban a
los indígenas ecuatorianos con las mismas taras que, hasta hace pocos años, se
arremolinaban en las cunetas de las carreteras para pedir caridad. Además, a lo
lejos se divisaban las pequeñas chozas de adobe cubiertas de paja donde vivían
y que, al carecer de agua, luz y alcantarillado y para soportar las bajas
temperaturas de los páramos, cavaban la tierra para guarecerse ellos mismos con
sus animales a la luz de una hoguera, que hacía también de cocina. Menos mal
que en mi última visita hace cinco años, pude constatar que al menos ya contaban
con luz eléctrica y con viviendas de bloque y zinc y también observé a unos
pocos de ellos, comprando televisores o cocinas en los supermercados, aunque,
lógicamente ello, no quiere decir nada, ya que como había indicado
anteriormente, debido a serios estudios, siguen siendo el colectivo más pobre
dentro de la sociedad ecuatoriana.
Por esta razón debe ser que el principal líder de la derecha
ecuatoriana Jaime Nebot, los mandó de regreso a “sus páramos” cuando se le
preguntó sobre qué opinaba del levantamiento indígena y debe ser porque la
imagen del indígena ecuatoriano, está asociada a estas zonas de la más cruda
serranía ecuatoriana donde la temperatura puede llegar hasta algunos grados
bajo cero durante las noches y durante todo el año y donde realizan los trabajos más duros.
Menos mal que en medio de todo lo malo, han sabido mantener
su cultura ancestral ya que poseen un gran valor que, curiosamente, existe a
raudales en Europa y es su enorme sentido de comunidad, el mismo que les ha
permitido sobrellevar de alguna manera, el abandono por siglos de las
autoridades de turno y que les ha permitido organizarse para casos puntuales
que, sin embargo, parece ser insuficiente ya que, al parecer, han tenido mala
suerte con sus líderes que al contrario, si han logrado educarse como se
demostró en el último diálogo público a propósito del levantamiento, donde
dieron clase de dialéctica, manejo de la situación y conocimiento del tema,
demostrando por ello, estar sobradamente preparados frente a los denominados mestizos
aunque, cuando tienen una cierta cuota de poder, la tendencia ha demostrado que se olvidan totalmente de su
gente.
El país se encuentra ahora en compás de espera para ver cómo
se desencadena esta crisis para, en caso de ser desfavorable a los intereses
del país, esperar nuevamente a que ellos, o sea los indígenas, salgan a marchar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario