jueves, 22 de diciembre de 2022

LA CONVERSION DE FABIO MCNAMARA

 

Foto: Pinterest



Testimonio de Fabio

                                                   Foto: Fabio Mcnamara con Pedro Almodóvar

"Mi vida ha estado llena de terribles desgracias, la mayoría de las cuales nunca sucedieron" Michel de Montaigne

De vez en cuando, surgen por la prensa noticias que nos motivan y nos animan a seguir creyendo en la existencia de un ser supremo que rige nuestras vidas.

Por lo mismo, a veces suelo preguntarme: ¿para qué sirve la religión si no es para hacernos mejores personas, si no es para curar a aquellos que lo necesitan? El catolicismo debería ser una convicción o una reafirmación personal; una escala de valores o un estilo de vida que guíe nuestras acciones diarias. Lo contrario, es solamente lo que suele verse con frecuencia: una especie de amuleto de la buena suerte, que supuestamente hace milagros económicos o ayuda a conseguir novio/a o algún un trabajo. Y poco más.

Y es por esa falta de convicción, que la gente común encuentra un buen pretexto para alejarse de la iglesia y de Dios, aduciendo las incoherencias o pecados de quienes estamos llamados a dar testimonio de fe. Aunque no debería ser así ya que, si todos pertenecemos a la iglesia mediante el bautismo y la confirmación, debería ser responsabilidad de todos, el hacer buen uso de ella y de sus enunciados, siendo testimonios vivos de aquello que creemos.

Menos mal que, como decía al principio, hay historias que demuestran el verdadero sentido de nuestra fe y esta, es una de ellas.

Para empezar, debo comentar que yo no conocía de la existencia del actor, compositor y pintor, Fabio (o Fanny) McNamara -nombre artístico, ya que su verdadero nombre es Fabio de Miguel- a no ser porque aparecía en alguna película de Almodóvar o alguna canción de los años 80’, cuyos videos nos llegaban a Ecuador o los veíamos en el cine.

Luego y ya aquí, en España, solían pasarle en otros vídeos y hubo un día, que escuché unos comentarios de sus ex compañeros de la época de “La Movida”, que ironizaban sobre su nueva situación, diciendo que le habían “lavado el cerebro” y que andaba por las iglesias de Madrid.

Sentí curiosidad y, en efecto, Fabio experimentaba una nueva vida ya que se había convertido al catolicismo, una conversión que había impactado a media España y que, hasta el día de hoy no deja de sorprender, ya que todos le conocían al haber sido un reconocido ícono gay de la época y, sus actuaciones y canciones, versaban temas sobre sus preferencias sexuales o sobre el demonio, particularmente, con títulos reveladores como: “Voy a ser mamá”, “Maricloneando”, “Drácula”, entre otras, aunque, según lo ha ido contando posteriormente a su conversión, algo no marchaba bien dentro de él,

Comenta que fueron su madre y su hermana -profundamente católicas- quienes nunca dejaron de orar por él y que acudían diariamente a misa y a rezar el rosario, a pedir para que deje esa vida desordenada de sexo, alcohol y drogas en que vivía. Él mismo confiesa que muchas veces, compraba la droga frente al Oratorio de Caballero de Gracias en la Gran Vía de Madrid, donde luego entraba y se arrodillaba a pedirle a Dios que le saque de ese infierno donde se hallaba inmerso, como un callejón sin salida y que le iba deteriorando cada vez más, a tal punto de haberse librado de una muerte segura algunas veces, como a muchos de sus amigos les sucedió, en unos años donde, pese a ser la “Movida” un movimiento famoso contracultural,  la droga causó muchos estragos entre la juventud española.

Felizmente, las oraciones surtieron efecto y Fabio reaccionó, volviendo sus ojos a Dios, alejándose de ese mundo que lo destruía y desde donde vive una vida llena de paz personal y de creatividad, ya que sigue ejerciendo de pintor de cuadros, como siempre le ha gustado. Actualmente tiene 65 años y sobrelleva enfermedades graves crónicas incurables como son la Hepatitis C, fibrosis y el Virus del VIH que, considera, son producto de los vicios que le consumían y que, pese a ello, considera que estar vivo es un milagro, ya que con tratamientos -previa a la comunión diaria en la iglesia- puede sobrellevar dichas enfermedades.

Como conclusión, ya me gustaría a mí que, con base a este bonito testimonio y del cual nunca será merecedora de una serie de NETFLIX o de una película, existieran más madres como Santa Mónica -madre de San Agustín- o como la de Fabio para que, con sus oraciones, ejemplos y perseverancia, ayuden a los “lavados de cerebro” de sus hijos para y de esta manera, sanen tanto física como espiritualmente, como le sucedió, ahora sí, al gran Fabio Mcnamara.

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