viernes, 28 de enero de 2011

DOS FORMAS DE VIVIR LA LIBERTAD RELIGIOSA



(Fotos I.Collins) Iglesia de San Lorenzo. Lavapiés,Madrid

Uno de los temas que evidencian la tan mentada frase de las "dos Españas" es el concerniente al catolicismo. Aunque existe un reducido término medio, la sociedad asume dos posturas totalmente contrarias, que se manifiestan en sus apasionados juicios sobre determinados valores y en sus actitudes hacia la vida. La prensa y la política aúpan estas apreciaciones mostrándose a favor y en contra, mediante profundos análisis y la propuesta y aplicación de leyes de acuerdo a esos principios.

Por un lado, los ateos explican su rechazo al catolicismo, en el sentido que históricamente España, durante el franquismo que duró 40 años, se los impuso como forma de vida, por lo que su memoria viene asociada a la represión, a las misas en latín donde no entendían nada, a la perdida de libertades e incluso a los colores grises y negros. Justifican su ausencia en las iglesias, pese a que son bautizados y celebran sus matrimonios religiosos allí, por la forma de ser de los curas, que han sido protagonistas de sonados escándalos de pederastia, corrupción, enriquecimiento ilícito, entre otros delitos. También cuestionan que por cientos de años la mujer ha sido marginada por el clero por no dejarlas ser sacerdotisas y ser dueñas de su propio cuerpo, además de que en la inquisición sucedieron barbaridades. Muchos sugieren que las riquezas del Vaticano, con las cuales se lucra el Papa, deberían ser vendidas para dárselo a los pobres y así sería el mundo mas justo. Es tal el convencimiento de la inexistencia de Dios sobre todo de algunos escritores, artistas e intelectuales, que luego de haber filosofado y profundizado sobre el tema, mueren convencidos que de ellos, sólo quedará la materia.

Por el lado contrario, entre los creyentes, se encuentran personas y sacerdotes que han hecho de su vida un verdadero apostolado, siendo coherentes con su fe y con su vida, creando ONGS o trabajando en lugares donde existe pobreza, donde faltan hospitales como Asia, Africa y Latinoamérica o donde las guerras han destruído todo, no sólo físicamente sino espiritualmente. Ya dentro de España, muchos católicos han trabajado para que muchos inmigrantes pudieran regularizarse, reagrupar a sus familias, e incluso para traer personas desahuciadas, para que reciban un tratamiento que les salve la vida o al menos les permita vivir con una mejor calidad de vida, lo que no hubiese sido posible en sus países de origen. Además aportan voluntariamente con sus impuestos y donaciones para que instituciones como Cáritas y otros grupos de voluntarios, ayuden cada año a cientos de miles de personas de distintas razas, edades y creencias, con comida, dinero, empleo, casas de acogida, y asesoramientos jurídicos.

Independientemente de lo que ateos o creyentes hagan o vivan de acuerdo a sus creencias, para los extranjeros especialmente los venidos de Latino América, nos admira los avances de esta sociedad en materia de derechos civiles y humanos pero al mismo tiempo no entendemos que el Estado asuma valores que antes eran intrínsecos de la cultura católica. Un ejemplo de esto sucedió cuando un Ayuntamiento, tuvo que denunciar por abandono a seis hijos de una anciana, que no quisieron recogerla luego de haber clausurado una ilegal residencia de ancianos, hasta ser reubicada en otra, cuando para nosotros es impensable abandonar a un padre o una madre, que nos ha dado la vida.

Tampoco entendemos que existan leyes que establecen que para hacerse un piercing antes de los 18 años, un joven tenga que pedir permiso a sus padres, pero si quiere abortar, basta con solo desearlo para que pueda hacerlo a los 16 años sin ningún impedimento. Además observamos absortos, la excesiva difusión mediática sobre derechos de ciertas minorías, provocando un exceso de información, que los jóvenes tienen dudas de identidad sexual, al no saber si son hombres o mujeres a la temprana edad de 13 o 14 años. Otro asunto que no entendemos es que existan parejas o personas que desean tener solo un hijo o no tenerlos, por simple comodidad, sin considerar que la familia constituye una red de apoyo en el que se sustentan los valores de la sociedad, haciendo que por ejemplo, siempre exista un tío, un hermano, o un primo que esté dispuesto a escuchar o ayudar a alguien que se encuentre desesperado porque no acepta que los problemas y las enfermedades son propias de la naturaleza y se sienta tentado de acudir a personas extrañas como miembros de alguna asociación que ayuda a suicidarse " sin dolor".

Mientras tanto, los fieles latinoamericanos han decidido aferrarse a sus creencias, incluso renovando su fe, por lo que las Iglesias se van llenando otra vez.
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