Foto: Librería "La Central". Jessica Jiménez Z.
Foto: Librería "La Central". Jessica Jiménez Z.
Foto: Librería "Ocho y medio". Jessica Jiménez Z.
En la película “Tienes un e-mail” estrenada en 1998, ya se
preveía la desaparición de las pequeñas librerías de toda la vida, en favor de
las grandes librerías multinacionales que, inyectadas por grandes capitales
económicos, mostraban estanterías llenas de libros en departamentos amplios
y lujosos, pero que carecían de la magia
de aquellas en que el librero era amigo del lector y le sugería en nombre de
esa confianza de viejos conocidos, los libros de moda o aquellos que marcarían
la vida de quien lo leería.
Con el transcurrir de los años y con la irrupción de los
libros digitales, la película se quedó corta en sus predicciones, ya que no
solamente las pequeñas librerías están desapareciendo, sino que también corren
peligro de hacerlo las grandes, al existir la amenaza de monopolio en manos
de una sola empresa digital que tiene millones de clientes y una logística
sorprendente, capaz de hacer llegar a cualquier parte del mundo, cualquier
libro en menos de dos días y a un precio que no se conduele con el esfuerzo creativo
del escritor, a tal punto de determinar
a su libre albedrío, el precio que un libro pueda tener de acuerdo a la capacidad
económica del comprador entre uno u otro país.
Todos se han hecho eco de ese peligro, tanto escritores como
editoriales, pero aun así, no todo parece ser tan dramático, porque en medio de la crisis y
como contrapunto a lo que está sucediendo, han surgido la creatividad y la
originalidad en gente que ama de verdad los libros y valora aun el tacto sobre
el papel. Por lo mismo, los últimos años he sido testigo del surgimiento de
librerías con las más variada temática, que hacen que sean lugares donde el
lector se siente a gusto, casi como en su propia casa y donde la aventura de leer
y de comprar un libro se convierta en una experiencia por demás única.
Hace pocos años, fue toda una novedad - por los tiempos que
corren -, la osada inauguración de la librería “La Central” en la plaza del
Callao, que fue objeto de múltiples reportajes periodísticos e incluso
editoriales. Y la verdad es que se agradece, ya que la misma ofrece espacios con
una decoración de tipo clásico, que hacen que la búsqueda de un libro sea una
aventura relajante, ya que además de los libros cuidadosamente seleccionados y
distribuidos, se puede leerlos o acariciarlos, que si no se busca algo
concreto, uno sale inevitablemente con un libro en la mano. También contiene un
precioso bistró, donde se puede degustar un café mientras se pone en orden los
pensamientos ante tanta oferta y además de una zona de venta de recuerdos o souvenirs,
todos relacionados con el arte y la literatura.
Pero los que más mérito sin duda tienen, son las pequeñas
librerías que han proliferado por doquier, las mismas que se agrupan por
temáticas como de cómics, de autoras, de libros antiguos, de gays y lesbianas, de autores latinoamericanos, de
viajes o de cine, y que ofrecen una atención personalizada, con gente
aficionada al tema que trasmite verdaderamente su pasión, con pequeñas
cafeterías también y elementos decorativos de acuerdo al tema. Muchos de ellas
se encuentran en barrios emblemáticos de Madrid como Malasaña, Lavapiés,
Callao, Las Letras, tal es el caso de la librería “Ocho y medio” localizada en
la calle Martin de los Heros junto
a emblemáticos cines de películas independientes, de autor y en versión original,
como Golem y Renoir.
Espero como dice la vieja frase que “si así llueve, que no
escampe” ya que nunca deja de sorprenderme la capacidad de innovación que tiene
la gente y más en tiempos de crisis, lo que sin duda enriquece más a la
sociedad y lo que es más importante como en este caso, nos permite disfrutar
todavía de la magia del libro físico.
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