miércoles, 29 de enero de 2020

LA COHERENCIA DEL CREADOR



Foto: Malva Marina Reyes Basoalto                     


Recientemente y no con un cierto tufillo anticomunista, me llegó una noticia -posiblemente haciéndose eco de una publicación de el diario El Mundo de España-, que contaba que el premio Nobel de Literatura, Pablo Neruda había tenido con su primera mujer, una hija con hidrocefalia y que, por tal razón, había renegado de ella condenándola al abandono hasta morir a los 9 años en Holanda. Incluso, aseguraba dicho escrito, que Neruda fue tan malo con su hija que la consideró una especie de “punto y coma”.


Pocos días después, apareció la otra versión que, al contrario, indicaba que Neruda siempre se preocupó y que nunca se había avergonzado de ella, mostrando datos y fechas que así lo corroboraban. Y que el “punto y coma” era más bien parte de una poesía, que había escrito en honor a ella.

Por mi parte, decidí dar credibilidad a la segunda versión, por cuanto, cuando de desprestigiar a una persona se trata, hay gente que no duda en utilizar cualquier artificio y más, tratándose de Pablo Neruda cuya vida ofrendó a la causa ideológica que él defendía por lo que no sería raro que haya ganado muchas antipatías que, al parecer, se mantienen hasta el día de hoy. La anécdota del “punto y coma” más bien parece ser, una metáfora de lo que se constituyó su vida al conocer la enfermedad de su única hija.

Este episodio me hizo recordar casos de personalidades que también tuvieron su lado oscuro, alejados de la imagen que proyectaba su genial creatividad y así lo conté en este blog, ésta vez, el del afamado escritor norteamericanos Arthur Miller que, éste sí, avergonzado de su hijo nacido con síndrome de Down, lo abandonó acompañado de su esposa en una residencia para enfermos mentales hasta que, luego de muchos años y al final de una conferencia que él mismo dictó a favor de las personas discapacitadas, un chico con Síndrome de Down se acercó a felicitarle diciéndole:  “Padre, soy yo, tu hijo Daniel“ quedando tan impactado Arthur que, por tal razón y en un afán de rectificar el daño causado, lo incluyó en su testamento haciéndole partícipe de su legado económico.

Historias que me han llevado a una profunda reflexión en el sentido que los creadores de cualquier rama, sea ésta artística, científica, política, etc. al final, no dejan de ser seres humanos y como tales, cometen muchos errores con lo cual, tampoco dejé de analizar de cómo en décadas pasadas existía una creencia que los hijos discapacitados eran motivo de vergüenza y se los escondía, actitud lamentable que, como podemos corroborar, no se escapaban ni los famosos escritores.

Felizmente la sociedad ha ido evolucionando que, hasta los términos van cambiando en aras de no seguir discriminando injustamente a estas personas. Si antes se los llamaba locos, por ejemplo, ahora se los dice “personas con capacidades especiales” que quiere decir, que tienen unas capacidades limitadas para unas cosas aunque para otras, seguramente las tienen más desarrolladas, lo cual es bien cierto y hasta demostrable.

Eso no quita, sin embargo, que existan comportamientos censurables sea la época que sea, como el caso de Juan Ramón Jiménez autor de la inolvidable y tierna novela “Platero y yo” que, según dicen, era un maltratador sicológico con su mujer, a la cual no le permitió desarrollarse como escritora en alas de sus caprichos personales y de su camino hacia la gloria literaria tanto que, cuando Zenobia Camprubí se enteró que su marido había ganado el Nobel, falleció luego de cuatro días de un cáncer que llevaba arrastrando desde hace algunos años que, incluso enferma, no había dejado de atender las necesidades del Nobel. Algo parecido sucedió con Abraham Lincoln, aunque en su caso, en su papel de víctima, ya que fue maltratado por su esposa Mary Todd Lincoln quien, incluso, lo avergonzaba en público sintiéndose él tan acosado sicológicamente que incluso se sabe, retrasaba su llegada a casa el máximo posible con tal de pasar el menor tiempo con su mujer.

Formas de entender el matrimonio que lamentablemente aún persisten y que en aquellas épocas se consideraban de lo más normales, lo que no quita que, como admiradores de estas personalidades, desemboquemos en un conflicto personal por no saber si valorar a un creador en función de lo que crea o de lo que es como persona; o si, deberíamos considerar una coherencia entre su vida y su obra.

Cuestionamientos que se han suscitado en la actualidad con mayor intensidad a propósito del caso del escritor francés Gabriel Matzneff que, como bien lo analiza la escritora Rosa Montero en su último editorial de la revista El País Semanal, provocaron que la editorial Gallimard haya decidido no seguir publicando sus obras debido a que el escritor se ha reconocido desde siempre abiertamente pedófilo y que, sin embargo, durante muchas décadas ha sido aplaudido y reconocido por su obra donde precisamente hace apología de esta psicopatía.

Parece que se va tomando conciencia que hay procederes que no calzan en los tiempos que corren ya que son verdaderos delitos que no se deben tolerar y peor, si se hace alarde de ello, por más buen escritor que sea y libertad de expresión que exista.

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